En un cierre de temporada lleno de emociones en el U.S. Bank Stadium, la estrella de los Minnesota Vikings, Justin Jefferson, logró finalmente superar la barrera de las 1,000 yardas recibidas. El hito llegó este domingo durante el enfrentamiento ante los Green Bay Packers, consolidando a Jefferson como uno de los receptores más consistentes y dominantes en la historia de la liga.
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El momento del récord
La marca se alcanzó en el transcurso del partido gracias a su quinta recepción de la tarde: una ruta de enganche ejecutada a la perfección que Jefferson transformó en una ganancia de 17 yardas. En cuanto el sistema de sonido del estadio anunció la cifra, los aficionados locales estallaron en una sonora ovación para reconocer la hazaña de su receptor estrella, quien ha mantenido este nivel de excelencia desde que puso un pie en la NFL.
En compañía de leyendas
Con este logro, Jefferson se une a un club extremadamente exclusivo. Ahora es apenas el tercer receptor en la historia de la NFL que comienza su carrera con seis temporadas consecutivas de al menos 1,000 yardas. Los únicos otros jugadores que alcanzaron esta marca de precocidad y consistencia fueron:
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Randy Moss (1998-2003), también con el uniforme de los Vikings.
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Mike Evans (2014-2019), quien actualmente ostenta el récord de más temporadas consecutivas (11) al inicio de una carrera.
El receptor más productivo de la historia
Más allá de la barrera de las mil yardas, Jefferson continúa destrozando los libros de contabilidad de la liga. Al inicio del encuentro del domingo, ya acumulaba 8,379 yardas, la mayor cantidad de yardas recibidas para cualquier jugador en sus primeros seis años de carrera profesional. Superar esta cifra en un periodo de tiempo tan corto subraya su estatus como un talento generacional que está redefiniendo la posición.
Una temporada marcada por la resiliencia
Este año ha sido, sin duda, el desafío más grande para el receptor. A diferencia de campañas anteriores donde la ofensiva fluía con veteranía, este ciclo estuvo marcado por la curva de aprendizaje del joven mariscal de campo J.J. McCarthy.
La química entre ambos se vio interrumpida debido a que McCarthy se perdió siete partidos por lesiones, obligando a Jefferson a adaptarse a distintos pasadores y a esquemas defensivos diseñados específicamente para anularlo. Haber alcanzado las 1,000 yardas bajo estas circunstancias no solo habla de su talento físico, sino de su capacidad para cargar con el peso de la ofensiva en momentos críticos.