La hípica en Maryland no es solo un deporte, es una tradición sagrada. Es la tierra del Preakness Stakes (G1), la segunda joya de la Triple Corona, una carrera con raíces más profundas incluso que el Kentucky Derby. Sin embargo, tras bastidores se gesta un movimiento que cambiará el mapa hípico del estado para siempre, dejando una gran interrogante en el aire: ¿Qué será realmente de Laurel Park?
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El pacto de los 50 millones
Aunque Laurel Park —un circuito con más de un siglo de historias— seguirá albergando carreras los próximos dos años mientras Pimlico es remodelado, su sentencia parece estar escrita. La Autoridad de Estadios de Maryland ha sellado un "acuerdo provisional" para adquirir el hipódromo al Grupo Stronach, en el intento de salvar 50 millones de dólares, según reveló el medio The Banner.
Pero, ¿por qué comprar un hipódromo histórico para dejar de correr en él? El plan oficial es convertirlo en un centro de entrenamiento una vez que Pimlico reabra sus puertas en 2027. Esto significaría el fin de la acción competitiva en sus pistas, para centralizar todas las apuestas en un solo escenario.
¿Estrategia o contradicción?
La incertidumbre crece al observar los movimientos recientes de la Autoridad de Estadios de Maryland en la hípica. Hace poco adquirieron Shamrock Farm, un centro de entrenamiento en el Condado de Carroll, por 4.5 millones de dólares.
Aquí surge el misterio: Si ya poseen un centro de entrenamiento, ¿para qué transformar a Laurel Park en lo mismo? Los planes parecen cambiar sobre la marcha. Ahora se especula que Shamrock Farm podría convertirse en un "santuario" para caballos retirados, y Laurel Park tendría la tarea logística de albergar a los purasangres que competirán en Pimlico bajo la modalidad de ship-in (viajar solo el día del evento).
El principio del fin: De sede mundial a establo logístico
El cronómetro para Laurel Park comenzará a correr de forma definitiva tras el Preakness Stakes de 2026. Si las obras en Baltimore se retrasan, Laurel Park podría tener un último "baile" de gloria, pero su destino como hipódromo principal está herido de muerte.
Es un cierre agridulce para el óvalo que alguna vez fue el epicentro del turf mundial con el Washington D.C. International Stakes. Aquella mítica edición de 1955 aún resuena en la memoria, cuando el argentino El Chama conducido por Raúl Bustamante, cruzó la meta en primer lugar seguido por Préndase. Ambos caballos le dieron a Venezuela el primer gran éxito internacional en el hipismo
Hoy, esos ecos de gloria parecen quedar sepultados bajo un nuevo plan gubernamental que promete modernidad, pero que deja a los aficionados preguntándose si este es, verdaderamente, el fin de la magia en Laurel Park.