La derrota ante el Stade Rennes no solo dejó una herida en la tabla de posiciones del París Saint-Germain, sino que también abrió una grieta pública entre el cuerpo técnico y la plantilla. Tras el pitazo final, el atacante Ousmane Dembélé lanzó un dardo directo al vestuario, criticando la falta de identidad y el exceso de individualismo en el equipo.
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Dembélé no se guardó nada y apeló a la mística del club: "La temporada pasada pusimos por delante al club, al escudo y al París Saint-Germain antes de pensar en nosotros mismos. Debemos recuperar eso, sobre todo en este tipo de partidos", sentenció el internacional francés, instando a sus compañeros a dejar de lado los egos.
La tajante respuesta de Luis Enrique
Fiel a su estilo directo y sin filtros, el técnico asturiano Luis Enrique no tardó en salir al paso para desactivar lo que consideró un arrebato de adrenalina. Para el entrenador español, las palabras de su dirigido carecen de peso estratégico y son simplemente fruto de la frustración momentánea.
"Estas declaraciones no valen nada. Son fruto del enfado después de un partido, y creo que eso está claro", afirmó Luis Enrique, restándole importancia al análisis de Dembélé. Sin embargo, su tono subió de intensidad al referirse a la jerarquía dentro de la institución: "No permitiré que ningún jugador se crea más importante que el club. Ni yo, ni el director deportivo, ni el presidente".
El club por encima de los nombres
El técnico insistió en que las entrevistas a pie de campo no deberían marcar la agenda del equipo. Para "Lucho", lo que se dice con las pulsaciones a mil no construye ni destruye su proyecto, aunque dejó claro quién lleva el silbato.
"Las declaraciones de los jugadores después del partido no valen nada. Absolutamente nada. Tampoco las de los entrenadores, pero las de los jugadores no valen nada", subrayó con vehemencia.
Autoridad máxima en el banquillo
Luis Enrique cerró la comparecencia con un mensaje que parece ir más allá de una simple respuesta a una derrota en Rennes. Es un recordatorio de su filosofía de gestión de grupo, una advertencia para cualquier figura que intente cuestionar el rumbo colectivo de forma pública.
"No responderé a ninguna pregunta ni respuesta de ningún jugador. Que quede claro: nunca permitiré que ningún jugador se ponga por encima del club. Soy el responsable del equipo", concluyó el estratega, dejando la pelota en el tejado de un vestuario que ahora deberá demostrar en la cancha si el problema es de "ego" o de fútbol.