El rapero canadiense, Drake, se ha visto envuelto en una nueva ola de controversia tras revelar en sus redes sociales una adquisición poco convencional que ha dividido opiniones en todo el mundo.
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El artista compartió imágenes de una gorra vintage que, supuestamente, perteneció al narcotraficante colombiano Pablo Escobar, una pieza que habría adquirido por una suma cercana a los 75.000 dólares, lo que equivale a más de 270 millones de pesos colombianos.
La publicación no tardó en viralizarse y generar reacciones polarizadas entre fanáticos, críticos y comunidades afectadas por el oscuro legado del jefe del Cartel de Medellín, poniendo nuevamente en el centro del debate la ética del coleccionismo de objetos históricos asociados a criminales.
Drake muestra con orgullo su nueva adquisición
En una serie de historias publicadas en su cuenta oficial de Instagram, el rapero mostró una gorra verde del equipo de baloncesto estadounidense Boston Celtics colocada sobre un escritorio, junto a otros objetos que, al parecer, también tendrían relación con Escobar.
Las imágenes fueron acompañadas por fotos de archivo donde se ve al propio Escobar usando una gorra similar durante una entrevista filmada en 1988 para el documental francés “Don Pablo Escobar: Rey de la cocaína”.
Este fragmento audiovisual no fue emitido hasta años más tarde debido a los riesgos asociados a su grabación en Medellín.
Según la revista estadounidense Complex, la prenda fue comprada a través de una subasta en eBay ofrecida por una cuenta identificada como “PabloEscobarEstate”, aunque el listado ya fue retirado tras la transacción.
El particular perfil de compras de Drake
Esta no es la primera vez que Drake llama la atención por gastar grandes sumas en objetos de colección ligados a figuras icónicas.
En 2023, el artista pagó cerca de un millón de dólares por un anillo que perteneció al rapero 2Pac, fortaleciendo su reputación como un coleccionista con un gusto por lo extraordinario.
La reacción en redes sociales fue inmediata. Mientras algunos usuarios consideraron la compra como un gesto excéntrico propio de una figura tan influyente y con gustos por lo inusual, otros criticaron duramente la vinculación pública con un personaje violento.
En Colombia, especialmente en Medellín, cualquier gesto que pueda ser interpretado como un tributo a Pablo Escobar suele verse como una falta de respeto hacia las víctimas de la violencia que sacudió al país durante las décadas de 1980 y 1990.