Existen hitos deportivos que logran paralizar al mundo: uno de ellos es la Triple Corona. Aunque el término nació en el hipismo inglés en 1853 con la hazaña de West Australian, su prestigio se ha extendido a otras disciplinas como símbolo de la perfección y la consistencia máxima.
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En la hípica, este reto es una oportunidad única en la vida de un purasangre de tres años. Superar tres distancias y escenarios distintos en un corto periodo de tiempo es una prueba de fuego que pocos logran superar. En Estados Unidos, tras la gesta fundacional de Sir Barton en 1919, pasaron décadas hasta que le fue reconocida su hazaña.
El paralelismo entre el diamante y la pista
El concepto de Triple Corona también brilla en las Grandes Ligas (MLB). Para un bateador, liderar simultáneamente los departamentos de promedio de bateo, cuadrangulares y carreras impulsadas es una tarea titánica. El último en alcanzar esta gloria fue el venezolano Miguel Cabrera en 2012, quien inscribió su nombre en la inmortalidad deportiva.
Miguel Cabrera y Víctor Espinoza: Un encuentro de leyendas
El 6 de junio de 2015, el potro American Pharoah acabó con una sequía de 37 años sin un triplecoronado en el hipismo estadounidense (desde Affirmed en 1978). Su jinete, el mexicano Víctor Espinoza, se convirtió en la figura del momento.
Días después de la victoria en el Belmont Stakes, Espinoza fue invitado a lanzar la primera bola en un encuentro de los Tigres de Detroit. Allí, en el diamante, se produjo el mágico encuentro con Miguel Cabrera.
En un gesto de profundo respeto, "Miggy" le obsequió sus guantes de bateo al jinete. Fue un intercambio cargado de simbolismo: ambos habían logrado lo que parecía imposible. Cabrera rompió una sequía de 45 años en la MLB (desde Carl Yastrzemski en 1967) y Espinoza hizo lo propio tras casi cuatro décadas de espera en la hípica. Dos titanes unidos por una hazaña que solo los elegidos pueden contar.