En el fútbol de élite, los gestos suelen decir más que las palabras, y en el FC Barcelona, cada movimiento de su joya, Lamine Yamal, es analizado con microscopio.
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El último episodio de esta saga ocurrió este pasado domingo 25 de enero en la victoria 3-0 ante el Real Oviedo, donde un cambio en el minuto 79 desató una tormenta mediática que ha obligado a Hansi Flick a intervenir públicamente.
A pesar del golazo de media chilena que firmó el "10" azulgrana para sentenciar el encuentro, su salida del campo dejó un Lamine visiblemente contrariado, quien evitó el contacto visual con su técnico, una actitud que contrastó radicalmente con los abrazos que Flick repartió a otros sustituidos como Cancelo o Raphinha.
¿Enfado real?
No es la primera vez que la joven estrella muestra su disgusto al ver su dorsal en el cartel luminoso. Ya sucedió en diciembre ante el Eintracht y el Chelsea, generando un murmullo de "incomodidad" en el cuerpo técnico que algunos sectores de la prensa española califican como un reto a la autoridad del alemán.
Internamente, se admite que estos gestos generan cierta "tirantez", ya que Hansi Flick prioriza el colectivo y la rotación física por encima de los egos individuales.
Por otro lado, el club lo protege como su máxima figura, pero existe el temor de que estos episodios de frustración se conviertan en una costumbre difícil de gestionar.
La respuesta de Hansi Flick
Ante el ruido generado, el entrenador alemán aprovechó la rueda de prensa previa al duelo de Champions League contra el Copenhague para apagar el incendio con su habitual pragmatismo, "tenemos muy buena relación".
El técnico ha dejado claro que sus cambios no son castigos, sino gestión de esfuerzos. El ex Bayern Múnich valora la presión defensiva de Yamal tanto o más que su magia con el balón, y su intención es cuidarlo físicamente para el tramo decisivo de la temporada.