Draymond Green, pilar fundamental de la dinastía de los Golden State Warriors y uno de los cerebros defensivos más brillantes en la historia de la NBA, ha generado un intenso debate sobre su futuro profesional.
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En declaraciones recientes, el cuatro veces campeón de la liga confirmó que, a diferencia de sus posturas en años anteriores, la posibilidad de convertirse en entrenador principal tras colgar las botas es una opción que ya no descarta.
Un cambio de mentalidad estratégico
Durante gran parte de su carrera, Green se había mostrado reticente a la idea de dirigir desde la banda, citando a menudo el desgaste emocional y la volatilidad de su propio carácter como posibles impedimentos. Sin embargo, con 35 años y transitando su 14ª temporada en la élite, la perspectiva del "23" ha evolucionado.
"Si me hubieras preguntado hace dos años, te habría dicho que ni de broma", admitió Green en una entrevista reciente tras la victoria de los Warriors frente a Portland. "Pero a medida que te acercas al final, empiezas a pensar: '¿Qué es lo que realmente quiero hacer?'. Definitivamente es una posibilidad que considero mucho más que antes".
¿El heredero de Steve Kerr?
La revelación más impactante en torno a este posible cambio de rol surgió durante el pasado fin de semana del All-Star, donde Green afirmó —en su estilo característico y provocador— que la organización de los Warriors ya le habría puesto sobre la mesa una oferta informal para asumir el cargo de head coach en el futuro.
Aunque la franquicia de San Francisco no ha confirmado oficialmente tales compromisos, la conexión entre Green y la filosofía de juego de Steve Kerr es innegable. La capacidad de Draymond para leer los esquemas rivales y su liderazgo vocal lo convierten, sobre el papel, en un candidato natural para la transición del parqué a la pizarra.
Incluso excompañeros de la talla de Kevin Durant han respaldado públicamente esta transición, señalando que el amor de Green por la enseñanza y la competición pura lo harían un técnico excepcional.
