El espectáculo del fútbol americano está a punto de detener el reloj del mundo. El Super Bowl no es solo el cierre de la temporada de la NFL; es un fenómeno cultural, económico y gastronómico que rompe récords cada año. Mientras los equipos se preparan para la gloria en el emparrillado, fuera de él se mueven cifras y tradiciones que parecen sacadas de una película de Hollywood.
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Desde el costo astronómico de sus espacios publicitarios hasta tradiciones que involucran ratones famosos, aquí te revelamos los secretos detrás del máximo evento deportivo de Estados Unidos.
Millones por solo 30 segundos
Para cualquier marca, aparecer durante la transmisión del Super Bowl es el equivalente a ganar la lotería de la atención mundial. Sin embargo, el boleto de entrada es extremadamente costoso. En las ediciones más recientes, un espacio publicitario de apenas 30 segundos ha alcanzado costos de entre 7 y 8 millones de dólares.
Este valor no solo responde a la audiencia masiva de más de 100 millones de espectadores en vivo, sino al impacto posterior en redes sociales y medios de comunicación. Las marcas no solo compran tiempo aire; compran la oportunidad de volverse virales y quedar grabadas en la memoria colectiva con anuncios que, muchas veces, son tan esperados como el propio juego.
El segundo día de mayor consumo
Si piensas que el Día de Acción de Gracias es el único momento donde la comida es la protagonista en Estados Unidos, te equivocas. El domingo del Super Bowl se ha consolidado oficialmente como el segundo día con mayor consumo de alimentos en todo el país.
Se estima que durante las horas que dura el evento, los aficionados devoran cantidades industriales de alitas de pollo, pizza y guacamole. Solo en alitas, la cifra suele superar los 1,400 millones de piezas consumidas. Es un día de excesos donde la dieta queda en el olvido y la pasión por el deporte se acompaña con una mesa llena de snacks.
La tradición mágica del MVP
Una de las imágenes más icónicas tras el silbatazo final no ocurre en el estadio, sino en un desfile lleno de magia. Desde 1987, se instauró la tradición de que el Jugador Más Valioso del partido celebre su victoria en uno de los parques de Disney.
Todo comenzó con Phil Simms, mariscal de campo de los New York Giants, quien fue el primero en pronunciar la famosa frase: "I’m going to Disney World!". Desde entonces, el héroe de la noche viaja casi de inmediato a Orlando o California para ser el gran mariscal de un desfile junto a Mickey Mouse, cerrando con broche de oro una semana que cambia su vida para siempre.
