Micah Parsons firmó uno de los contratos más sonados de la temporada, pero no todo lo que brilla en la cifra nominal se traduce en efectivo disponible para el jugador. Aunque el acuerdo anunciado asciende a $47,000,000 anuales, la realidad fiscal deja a Parsons con una cifra muy distinta una vez que se descuentan impuestos federales, estatales y contribuciones sociales: apenas $25,389,750 netos, según el desglose conocido.
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Impacto fiscal inmediato en el bolsillo de Parsons
La diferencia entre el monto bruto y lo que realmente recibirá Parsons es contundente. Del contrato de $47 millones se descuentan: impuesto federal de $17,390,000, impuesto estatal de $3,600,250 (correspondiente a Wisconsin), y FICA por $620,000, lo que suma $21,610,250 en impuestos. En términos porcentuales, Parsons perderá cerca del 46.0% de ese salario en impuestos, quedándose con aproximadamente el 54.0% del total pactado. Es decir: por cada dólar que figura en el contrato, casi la mitad termina en manos del fisco.
Esa sangría fiscal no es un accidente: tiene que ver con la diferencia entre impuestos estatales. Mientras Parsons jugaba en Dallas —en Texas— se beneficiaba de una ventaja clara: Texas no tiene impuesto sobre la renta estatal, por lo que el salario imponible a nivel estatal era nulo y su retención total era sensiblemente menor. Al cambiar de mercado y de estado (ahora con la camiseta de un equipo de Wisconsin), entra en juego una carga impositiva estatal real que, en este caso, se traduce en más de $3.6 millones que antes no tenía que pagar.
Para el aficionado y para la prensa, el titular del contrato puede seguir siendo espectacular; para Parsons y su círculo financiero, el cálculo realista es diferente. El impuesto federal —la porción más pesada— representa $17.39 millones del total, es decir un 37% del contrato bruto. A eso se le suma el impuesto estatal (unos 7.66%) y el FICA (más del 1.3%). Ese combo deja claro que la decisión de cambiar de residencia fiscal o negociar incentivos con estructuras fiscales favorables puede marcar la diferencia entre vivir un año de lujo o simplemente mantener el mismo nivel de vida que antes.
Desde el punto de vista contractual, los agentes y asesores suelen calcular no sólo el total garantizado sino el “take-home pay” (lo que queda en mano), y en el caso de Parsons ese número baja a la mitad. Es una lección para el jugador y para otros talentos: la geografía importa tanto como el contrato. Un acuerdo millonario en papel puede verse erosionado por políticas fiscales estatales y federales que varían de un lugar a otro.