En la previa de una nueva semifinal de Copa del Rey entre catalanes y madrileños, el recuerdo de lo sucedido hace 26 años cobra más fuerza que nunca.
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Aquella no fue una eliminación por falta de goles, sino por un acto de rebeldía que marcó un antes y un después en la relación entre el Barcelona y la Federación Española de Fútbol.
Plantada histórica
El Barcelona, dirigido entonces por Louis van Gaal, llegaba al partido de vuelta en el Camp Nou con un 3-0 en contra sufrido en el Vicente Calderón. Sin embargo, el problema no era el marcador, sino la falta de efectivos.
La fecha coincidía con un parón de selecciones, lo que dejó al equipo en una situación crítica. Nueve jugadores fueron convocados con su respectivo país, tres estaban lesionados y La normativa prohibía alinear a más de tres jugadores del filial simultáneamente en el campo.
De esta forma, el conjunto azulgrana solo disponía de 11 jugadores de campo, de los cuales dos eran porteros.
Graves consecuencias
Pese a las súplicas del Barcelona para aplazar el encuentro, la RFEF se mantuvo firme. El 24 de abril de 2000, se vivió una escena surrealista que quedó grabada en la memoria colectiva.
Los jugadores del Atlético de Madrid y el trío arbitral saltaron al césped para iniciar el calentamiento. Mientras que los activos culés, encabezados por el capitán Pep Guardiola, salieron al túnel de vestuarios, pero no pisaron el césped.
El partido se dio por finalizado antes de empezar. El Atlético de Madrid pasó directamente a la final (que perdería ante el Espanyol) y el Barça recibió inicialmente una sanción que le prohibía disputar la Copa el año siguiente, aunque finalmente fue indultado por el entonces presidente de la RFEF.
Hoy, con Hansi Flick al mando, el escenario es distinto. El fantasma del 2000 sirve como recordatorio de que, en la Copa, la tensión entre estos dos equipos siempre va más allá de lo táctico.