En el fútbol, el estatus es un activo volátil, y Álvaro Carreras lo está aprendiendo de la manera más exigente. Lo que bajo la gestión de Xabi Alonso era una certeza absoluta (un nombre escrito en piedra en el once inicial), se ha transformado bajo el mando de Álvaro Arbeloa en una competencia diaria donde el pasado ya no garantiza el presente.
La narrativa alrededor del lateral ha dado un giro de 180 grados. Carreras ya no goza del privilegio de ser un titular indiscutible; ahora, su presencia en el esquema titular es un examen que debe aprobar cada semana.
De la fijeza de Alonso a la rotación de Arbeloa
Durante la etapa de Xabi Alonso, Carreras era el pilar del flanco izquierdo. Su despliegue y su rol táctico lo hacían una pieza inamovible, permitiéndole jugar con la confianza de quien sabe que un error no le costará el puesto. Alonso veía en él un sistema en sí mismo.
Sin embargo, la llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo ha traído consigo una filosofía de "borrón y cuenta nueva". Para el técnico actual, las jerarquías heredadas no tienen peso si no vienen respaldadas por el rendimiento inmediato.
Fuentes cercanas al entorno del equipo confirman que el mensaje de Arbeloa ha sido claro: el lugar en el XI se gana en el césped y se mantiene en los entrenamientos. "Carreras ya no es un titular por decreto. Su participación ahora depende estrictamente de su estado de forma y de lo que aporte en la dinámica grupal semana a semana".
Este nuevo escenario ha generado un debate en la grada: ¿Es esta presión extra beneficiosa para el crecimiento de Carreras o podría afectar su confianza? Lo que es innegable es que Arbeloa busca elevar el nivel competitivo de la plantilla eliminando las "zonas de confort".
Los retos para Carreras
Para recuperar esa vitola de imprescindible, el joven lateral deberá adaptarse a una realidad más cruda:
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Competencia interna: Sus compañeros de posición ven ahora una grieta por la que colarse en el once.
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Consistencia: Bajo este régimen, un partido gris podría significar varios encuentros en el banquillo.
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Adaptación táctica: Arbeloa exige una intensidad defensiva que quizá no era tan prioritaria en el esquema anterior.