El Estadio José Bernardo Pérez no suele ser escenario de debates éticos, pero esta semana la conversación ha dejado de lado el average para centrarse en los valores. Tras la aparición de simbología asociada a grupos delictivos en la indumentaria o entorno del equipo eléctrico, las reacciones no se han hecho esperar.
Figuras históricas y leyendas del béisbol venezolano han roto el silencio, enviando un mensaje contundente a la gerencia, a los jugadores y, sobre todo, a la opinión pública.
Para las glorias del deporte nacional, la aparición de mensajes que normalizan figuras de violencia es una afrenta a décadas de construcción social. "Los valores no se construyen abrazando símbolos de violencia", coinciden diversos comunicados y declaraciones.
El argumento de las leyendas es sólido:
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Identidad: La fanaticada venezolana se define como familia, orgullo y memoria. No como una estructura criminal.
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Impacto social: El hampa es un agente que destruye hogares; el deporte es el pegamento que los une.
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Respeto al escudo: Instituciones como el Magallanes representan más que un equipo; son patrimonio cultural del país.
Un llamado a la gerencia
El movimiento generado bajo la etiqueta #Magallanes busca que la organización tome cartas en el asunto. La premisa es clara: el prestigio del deporte venezolano es sagrado y no puede ser moneda de cambio para modas o influencias negativas que atenten contra la integridad de la familia venezolana.
