Lo que se esperaba fuera una batalla épica por la supervivencia de Caribes de Anzoátegui terminó en una debacle histórica. El bullpen de la "Tribu", que debía ser el muro de contención para forzar el séptimo juego, se desmoronó de forma estrepitosa permitiendo 14 anotaciones. Con este colapso monumental, los Navegantes del Magallanes aprovecharon el festín de pitcheo para alzarse con su decimocuarto título en la LVBP.
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La pesadilla para los dirigidos por Asdrúbal Cabrera comenzó temprano. El abridor Naswell Paulino no pudo cumplir con la apertura de calidad necesaria y abandonó el montículo tras sacar apenas un out. Lo que vino después fue una pesadilla técnica y emocional: un desfile incesante de ocho relevistas que, lejos de apagar el fuego, avivaron las llamas de una ofensiva magallanera que no tuvo piedad.
El relevo de Caribes permitió un total de 13 carreras, una cifra insólita para un juego de esta magnitud. La inconsistencia de los brazos orientales sepultó cualquier intento de remontada, transformando el diamante en un escenario de celebración adelantada para la Nave Turca. La estrategia de Cabrera de mover el banco constantemente no dio frutos, evidenciando un cansancio físico y mental en su cuerpo de lanzadores que terminó costando caro.
El fallido desfile de ocho relevistas de Asdrúbal Cabrera
En un intento desesperado por frenar el asedio, el mánager utilizó a Padrón, Hernández, Perrone, Chirino, Breto, Silven, Linarez y Mori. Sin embargo, la efectividad fue nula. Cada cambio de lanzador parecía ser una nueva oportunidad para que Magallanes ampliara la ventaja. La falta de control y los envíos francos fueron la constante de un bullpen que llegó agotado al momento más crítico de la Gran Final.
Este "carrousel" de pitchers no pudo contener a una ofensiva eléctrica que supo leer cada movimiento desde el dugout oriental. Al final, el uso de ocho brazos diferentes solo sirvió para confirmar que el pitcheo de Caribes se había quedado sin gasolina en el peor momento posible.