El 8 de abril de 2025 quedó grabado como una de las noches más oscuras en la historia reciente de República Dominicana. Una velada destinada para la música y la celebración terminó en una tragedia, cuando el techo de la discoteca Jet Set colapsó en plena presentación en vivo.
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Un Jet Set de fiesta que terminó destruido
La discoteca estaba llena. Cientos de personas acudieron al icónico local de Santo Domingo para disfrutar de un concierto del merenguero Rubby Pérez. El ambiente era festivo, con música, luces y una pista repleta de asistentes que no imaginaban lo que estaba por ocurrir.
Alrededor de las 12:44 de la madrugada, todo cambió en segundos. El techo del establecimiento cedió de forma repentina, desplomándose sobre el público y dejando a cientos de personas atrapadas bajo los escombros.
Testigos describieron un estruendo seco, seguido de gritos, oscuridad y caos absoluto. Algunos lograron salir corriendo, mientras otros quedaron atrapados entre concreto, estructuras metálicas y equipos del local.
En cuestión de minutos, el lugar pasó de ser un espacio de celebración a una escena de desesperación. La tragedia dejó un saldo devastador de más de 230 fallecidos y más de 180 heridos, convirtiéndose en uno de los desastres no naturales más mortales del país.
Las primeras horas de la tragedia
Equipos de emergencia llegaron rápidamente al lugar. Bomberos, rescatistas y personal médico iniciaron una intensa búsqueda entre los escombros, intentando localizar sobrevivientes.
Durante horas, el silencio era interrumpido solo por herramientas, sirenas y voces que pedían ayuda. Según reportes, los rescatistas incluso pedían silencio absoluto para poder escuchar señales de vida bajo los restos del edificio.
Un país paralizado
La magnitud del desastre conmocionó a toda la nación. La ciudad quedó en silencio, mientras familiares se agolpaban en hospitales y alrededores del lugar buscando noticias de sus seres queridos.
Entre las víctimas se encontraba el propio Rubby Pérez, quien falleció durante el colapso mientras ofrecía su presentación, marcando aún más el impacto emocional del suceso
A un año de la tragedia, el recuerdo de aquella madrugada sigue vivo. No fue solo el derrumbe de un techo, sino el quiebre de una noche que prometía alegría y terminó convirtiéndose en un símbolo de dolor colectivo.