En el baloncesto profesional, se dice que el tiempo es el único rival que nadie puede vencer. Sin embargo, Kevin Durant parece haber encontrado la fórmula para desafiar la lógica biológica. El alero de los Houston Rockets ha logrado lo que parecía inalcanzable: firmar el arranque anotador más dominante para un jugador veterano en la historia de la NBA, dejando atrás la marca impuesta por el mismísimo Michael Jordan.
Tras sus primeros 30 partidos con la camiseta de los Rockets, Durant ha acumulado un total de 771 puntos. Esta cifra lo posiciona oficialmente como el jugador de 35 años o más con mayor producción ofensiva en la historia de la liga durante sus primeros 30 encuentros con una nueva franquicia.
El impacto de "Durantula" no ha sido solo estadístico; ha transformado la identidad de Houston, demostrando una eficiencia que ignora el paso de los años con porcentajes de tiro que lo mantienen en la élite absoluta de la competición.
Superando la sombra de "Su Majestad"
Hasta hoy, el estándar de oro para veteranos con nuevos uniformes pertenecía a Michael Jordan. Cuando "Su Majestad" salió de su segundo retiro para unirse a los Washington Wizards en la temporada 2001-02, registró 737 puntos en su treintena inicial de juegos, una marca que durante décadas se consideró el techo para un jugador en la etapa final de su carrera.
La hazaña de Durant cobra una dimensión especial al observar que, en toda la historia de la liga, él y Jordan son los únicos dos jugadores capaces de romper la barrera de los 700 puntos bajo estas condiciones específicas de edad y cambio de equipo. Al superar por 34 puntos la marca de Jordan, Durant no solo rompe un récord, sino que redefine lo que un atleta de 37 años puede aportar a un contendiente al título.
Una vigencia sin precedentes
A estas alturas de su carrera, Durant no solo está anotando, sino que lo está haciendo con una carga de minutos y una responsabilidad táctica que pocos jugadores han mantenido. Con este nuevo hito, suma un argumento definitivo a su legado como el anotador más puro que ha pisado una duela, probando que su capacidad para castigar el aro es, sencillamente, atemporal.