El deporte español ha escrito una de sus páginas más heroicas en la nieve de los Juegos Olímpicos de Invierno. La protagonista absoluta es Ana Alonso, una mujer que ha desafiado las leyes de la medicina y la lógica. La granadina, tras sufrir un atropello que amenazaba con poner punto final a su carrera profesional, ha logrado colgarse una medalla de bronce histórica en el debut del esquí de montaña.
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El accidente en Sierra Nevada que casi trunca un sueño
El pasado 24 de septiembre, lo que debía ser un entrenamiento rutinario se transformó en la peor pesadilla para la deportista andaluza. Mientras rodaba en bicicleta por las faldas de Sierra Nevada, el entorno que la vio nacer como leyenda, Alonso fue embestida por un vehículo. El parte médico resultante fue devastador y parecía incompatible con la alta competición a corto plazo: rotura del ligamento cruzado anterior, rotura del ligamento lateral interno, edema óseo, fisura en el maléolo y una luxación acromioclavicular.
A escasos cinco meses de la cita olímpica en Milán-Cortina, el diagnóstico técnico era demoledor. Sin embargo, la vigente campeona europea y subcampeona mundial se negó a aceptar el destino. En una decisión tan valiente como arriesgada, Ana Alonso optó por no pasar por el quirófano, confiando su destino a maratonianas y dolorosas sesiones de rehabilitación y fortalecimiento muscular extremo.
De la camilla al podio: una cronología de 148 días
El camino hacia este metal no se forjó únicamente sobre los esquís, sino en el silencio de los gimnasios y las salas de fisioterapia. Lo que en noviembre parecía una "quimera" inalcanzable, comenzó a tomar forma de posibilidad real gracias al apoyo incondicional del Comité Olímpico Español (COE) y la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME).
El punto de inflexión llegó el 15 de enero, apenas 113 días después del gravísimo accidente. Alonso regresó a la competición en la Copa del Mundo de Courchevel, en Francia. Aunque finalizó en la vigesimoquinta posición, el mensaje enviado al mundo fue rotundo: la granadina estaba de vuelta y no se conformaría con participar. "Cada día de noviembre pensé que era imposible, pero por la noche me decía que por mí no iba a quedar", confesaba emocionada tras su gesta.
El bronce de la redención y la gloria del esquí español
La final del esprint individual en los Juegos Olímpicos fue el escenario definitivo de su resurrección. Ana Alonso compitió con la determinación de quien ya ha superado su prueba más difícil fuera de las pistas. Su tercer puesto supone la sexta medalla española en la historia de los Juegos de Invierno, un hito que minutos después se vería engrandecido por el oro de su compañero Oriol Cardona.