Una intercepción tras otra, CJ Stroud hundió a Houston en un pozo del que no pudieron salir. Esta vez, la unidad defensiva de los Texans, que había sido su salvavidas durante gran parte de la campaña, no pudo realizar el milagro.
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Apenas una semana después de que Stroud sobreviviera a tres pérdidas de balón en la victoria de comodín contra los Steelers, el destino le pasó factura. El mariscal de campo de Houston lanzó cuatro intercepciones solo en la primera mitad del encuentro del domingo, entregándole en bandeja a Nueva Inglaterra la victoria y el boleto al Juego de Campeonato de la AFC.
"La seguridad del balón lo es todo, especialmente por cómo ha jugado nuestra defensa todo el año; es algo en lo que había hecho un buen trabajo hasta ahora", confesó un autocrítico Stroud tras el partido. "Creo que mi equipo confía en mí. Hoy simplemente no fue mi día, y agradezco que mis compañeros me hayan apoyado una vez más".
El factor climático y el colapso ofensivo
En una tarde marcada por la lluvia y la nieve, las condiciones del terreno jugaron un papel crucial. La defensa de Houston cumplió con su parte al acosar a Drake Maye durante todo el juego, forzando cuatro balones sueltos (recuperando dos) y registrando cinco capturas. Sin embargo, Maye, aspirante al MVP, logró sobreponerse al clima completando 16 de 27 pases para 179 yardas y tres anotaciones fundamentales.
"Cuando deja de nevar, es un poco más fácil lanzar el balón y se agarra mejor", explicó Maye. "Creo que CJ diría lo mismo. Ambos tuvimos lanzamientos difíciles por la falta de agarre".
El momento anímico más bajo para Houston llegó en el tercer cuarto. Con el marcador 21-13 y los Texans amenazando con un posible touchdown, el corredor Woody Marks —quien fuera el héroe la semana pasada— perdió un balón suelto crucial en la yarda 17 de los Patriots. Fue la quinta pérdida de balón del equipo en el encuentro, terminando con cualquier esperanza de remontada.
Una barrera histórica difícil de romper
Para los Texans, este resultado resalta una preocupante tendencia. Aunque la franquicia ha alcanzado los playoffs por tres años consecutivos —un récord histórico para el equipo—, en todas esas ocasiones su camino ha terminado abruptamente en la ronda divisional.
El contraste con la temporada regular es alarmante. Houston solo perdió 12 balones durante el calendario regular, terminando con un diferencial de +17, el segundo mejor de la liga. Sin embargo, en los dos partidos de postemporada de este año, la protección del ovoide desapareció.
"Salir a jugar estos últimos dos partidos y tener la cantidad de entregas que hemos tenido no es fútbol americano ganador", sentenció tajante el entrenador DeMeco Ryans. "Tenemos que encontrar la manera de corregirlo. No hay una fórmula mágica para superar la ronda divisional; simplemente hay que jugar mejor cuando llega el momento, y en los últimos tres años no lo hemos hecho".
Con esta derrota, los Texans entran a la temporada baja con una tarea clara: aprender a manejar la presión de los escenarios más grandes de la NFL, donde el talento de una estrella como Stroud debe ir acompañado de una ejecución impecable.