Aunque la derrota en la final de la Supercopa de España ante el FC Barcelona fue el detonante mediático que aceleró el cambio de entrenador, la realidad interna del Real Madrid era muy distinta.
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La relación entre Xabi Alonso y su plantilla no se terminó en una final perdida, sino meses atrás, irónicamente tras una de las victorias más importantes en LaLiga frente al conjunto azulgrana.
Ese triunfo, que debería haber servido para unir al grupo, se convirtió en el punto de no retorno entre la pizarra del técnico y el ego de los futbolistas.
El origen del conflicto
Xabi Alonso llegó al Santiago Bernabéu con la metodología que lo hizo triunfar en Alemania (exigencia técnica extrema y una obsesión por el detalle). Sin embargo, lo que en el Bayer Leverkusen era visto como innovación, en el vestuario blanco empezó a percibirse como un lastre.
La plantilla consideraba que la intensidad demandada en cada sesión diaria era excesiva para un equipo que compite cada tres días. Además, muchos futbolistas sentían que el mensaje era demasiado complejo y que se les restaba libertad creativa en el campo.
"No sabía que venía a entrenar a una guardería"
El técnico vasco sentía que sus jugadores no compartían su hambre de perfección y que se conformaban con el talento individual. Según revela el Diario Marca, la tensión estalló definitivamente en el vestuario tras aquel Clásico de liga.
Frustrado por lo que consideraba una falta de profesionalismo en el seguimiento de sus instrucciones, pronunció una frase que marcó un antes y un después en su relación con los pesos pesados del equipo: "No sabía que venía a entrenar a una guardería".
Este "ataque" frontal a la madurez del grupo hirió sensibilidades profundas. A partir de ese momento, el respeto táctico se mantuvo por inercia, pero la conexión emocional se rompió.