En la era moderna de la NBA, donde las estrellas suelen buscar el contacto para inflar sus registros desde la línea de tiros libres, Stephen Curry sigue demostrando que su dominio no necesita de "regalos" arbitrales. La última actualización de sus registros históricos ha dejado una cifra que parece de otro planeta: Curry ha alcanzado los 229 partidos en su carrera anotando 25 o más puntos con menos de 5 intentos de tiro libre.
Lo que hace que este dato sea verdaderamente absurdo es la distancia con el resto de la historia. En los más de 75 años de la NBA, nadie más ha logrado siquiera llegar a los 200 partidos bajo estas condiciones. Ni Michael Jordan, ni Kobe Bryant, ni Kevin Durant; ninguno ha podido replicar la eficiencia del Chef.
El mayor "silbato frío" de la historia
Este récord no solo habla de la capacidad de Curry para encestar desde cualquier lugar del campo, sino también de una tendencia constante en su carrera: la falta de faltas a su favor. A pesar de ser uno de los jugadores con mayor volumen de juego y de ser constantemente "sujetado" y golpeado en sus movimientos sin balón, Curry recibe el silbato con una frecuencia inusualmente baja.
-
La comparativa: Mientras que otros anotadores de élite como James Harden o Giannis Antetokounmpo han cimentado gran parte de sus noches de 30 puntos en 10 o 15 viajes a la línea, Curry ha construido su legado con lanzamientos de campo.
-
Eficiencia pura: Alcanzar los 25 puntos con menos de 5 tiros libres significa que casi toda la producción proviene de tiros en movimiento, triples en transición y bandejas acrobáticas. Es, en esencia, baloncesto en su estado más puro y difícil.
Un récord sin perseguidores
La brecha entre Curry (229) y el segundo lugar en esta lista (que se mantiene por debajo de los 200) es un testimonio de cómo ha cambiado el juego. En una liga donde el grifting (buscar la falta) se ha convertido en una habilidad entrenada, Curry es una anomalía.
El legado del Chef
Este hito refuerza la narrativa de Curry como el mejor tirador de todos los tiempos, pero añade una capa de respeto adicional: su anotación es orgánica. No interrumpe el ritmo del juego para buscar puntos fáciles; los crea a través del movimiento constante y una puntería que rompe cualquier modelo matemático. Por ahora, el récord de los 229 partidos es un recordatorio de que, en la cancha de los Warriors, la magia no depende de un silbato, sino de la muñeca del número 30.
