En el deporte profesional, hay barreras que parecen psicológicas antes que físicas. Para los Philadelphia 76ers, esa barrera tiene nombre, apellido y un color característico: los Boston Celtics. Lo que una vez fue la rivalidad más equilibrada de la NBA se ha transformado en un monólogo verde que los Sixers intentarán silenciar en esta postemporada.
Cuatro décadas de frustración
La estadística es tan fría como contundente. Para encontrar la última vez que Philadelphia salió victorioso en una serie de postemporada ante Boston, hay que remontarse a 1982. Desde entonces, el historial de enfrentamientos en los meses de definición ha sido un camino de espinas para los de la "Ciudad del Amor Fraternal".
Esta cadena de fracasos comenzó en 1985, cuando los Celtics despacharon a Philadelphia en cinco juegos durante las Finales de Conferencia. Ya en el nuevo milenio, la historia no cambió: en 2002, Boston se impuso en una cerrada primera ronda de cinco partidos. Una década después, en 2012, los Sixers estuvieron cerca de romper el maleficio, pero terminaron cayendo en un dramático séptimo juego en las Semifinales de Conferencia.
Los capítulos más recientes han sido igual de dolorosos. En 2018, el joven núcleo de Boston necesitó solo cinco encuentros para avanzar en las Semifinales; en 2020, durante la burbuja de Orlando, Philadelphia tocó fondo al ser barrido en cuatro juegos consecutivos; y finalmente, en 2023, los Sixers desperdiciaron una ventaja de 3-2 para terminar claudicando una vez más en siete enfrentamientos.
¿El fin del complejo de inferioridad?
La pregunta que resuena en el Wells Fargo Center es si este plantel tiene la madurez necesaria para detener la hemorragia. A diferencia de años anteriores, donde la dependencia de figuras individuales fue su talón de Aquiles, Philadelphia llega con un esquema que busca castigar la rotación de Boston.
Sin embargo, los Celtics no solo cuentan con la historia a su favor, sino con una hegemonía táctica que parece activarse cada vez que ven el uniforme de los Sixers.
Con la serie a punto de comenzar, la presión recae totalmente sobre los hombros de Philadelphia. Una nueva derrota no sería simplemente una eliminación más, sino la confirmación de una paternidad deportiva que ya abarca a tres generaciones de fanáticos. 1982 queda muy lejos en el retrovisor, y para los Sixers, el momento de reclamar el presente es ahora o nunca.