A estas alturas, el secreto peor guardado en las Grandes Ligas es que los Astros de Houston tienen un "problema de lujo": un infield sobrepoblado. Durante toda la pretemporada, el tema de conversación ha sido cómo resolver este rompecabezas, pero la gerencia aún no ha dado el golpe en la mesa que todos esperan. Aunque todavía hay tiempo para ajustar las piezas, la dirección que tomará la franquicia sigue siendo una incógnita.
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No solo los analistas y aficionados cuestionan la estrategia; la voz del líder del vestuario también se ha hecho escuchar. Carlos Correa, el pilar de la tercera base, ha roto el protocolo habitual de silencio sobre las oficinas para expresar una preocupación genuina. A sus 31 años, el puertorriqueño ha sido inusualmente franco: el equipo necesita equilibrio, y lo necesita ahora.
La lógica de Correa: Solo hay cuatro almohadillas
En declaraciones para Chandler Rome de The Athletic, Correa no ocultó la realidad táctica que enfrenta el equipo. Con la confianza que le da su trayectoria, dejó claro que la profundidad es buena, pero el exceso puede ser contraproducente si deja huecos en otras áreas. "Con el dueño que tenemos, no vamos a empeorar nuestro equipo. Todos saben que cuando los Astros hacen un movimiento, es para mejorar a los jugadores y al grupo", afirmó Correa.
Sin embargo, el mensaje más directo llegó cuando se refirió a la logística del diamante: "Tenemos mucha gente que podría ser utilizada en intercambios más adelante. No soy gerente general, pero sé que solo cuatro jugadores de cuadro pueden jugar a la vez. Hay que hacer algunos movimientos, poner gente en los jardines, buscar profundidad real".
El desequilibrio entre el diamante y la pradera
La profundidad de Houston en el cuadro interior es envidiable, pero matemáticamente insostenible. Contar con nombres de la talla de José Altuve, Christian Walker, Isaac Paredes y el propio Correa asegura una producción ofensiva de élite en las bases, pero deja el jardín sin el apoyo necesario.
Recientemente, los Astros intentaron mover el árbol con un canje: enviaron al jardinero Jesús Sánchez a cambio de un viejo conocido, Joey Loperfido. Sánchez, quien no logró replicar en 2025 los buenos números de su campaña anterior, dejó Houston tras una línea discreta de .237/.304/.395 y 14 cuadrangulares en 134 juegos.
El regreso de Loperfido al "Estado de la Estrella Solitaria" es una noticia que agrada a la afición, considerando que es un jugador que conoce el sistema y aporta versatilidad. Sin embargo, como bien señala Correa, un solo hombre no puede tapar todas las grietas de una planificación que hoy luce desbalanceada.