Durante décadas, el mundo vio en Michael Phelps a una máquina biológica diseñada para romper récords. Sin embargo, en una serie de reflexiones personales, el nadador más laureado de todos los tiempos ha revelado la profunda crisis de identidad y el sufrimiento que ocultaban sus 28 medallas olímpicas.
La deshumanización del éxito
Para Phelps, la piscina no fue solo un escenario de triunfo, sino un lugar donde su humanidad quedó suspendida bajo el agua. El exatleta confesó que, durante el apogeo de su carrera, se sentía incapaz de reconocerse fuera de la competición.
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Una identidad de cristal: "Durante mi carrera, me miraba al espejo y veía a alguien con gafas y un gorro, no a una persona con barba, coleta y las canas que van apareciendo".
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El peso de los récords: El nadador admitió que la presión por ganar anuló sus sentimientos: "No veía a alguien con emociones. Me veía como un tipo que ganó unos cuantos oros y rompió unos cuantos récords, nunca me vi como un ser humano".
El "no" a la piscina para sus hijos
Quizás la declaración más impactante de Phelps es su firme postura respecto al futuro de sus hijos. A pesar de ser considerado el mejor nadador de la historia, el "Tiburón de Baltimore" no desea que sus descendientes sigan su rastro en las piscinas de competición.
"No quiero que mis hijos naden, no quiero que sufran lo que yo pasé durante más de 20 años con el equipo de Estados Unidos".
Esta frase subraya una realidad oscura dentro del programa de natación estadounidense, sugiriendo que la exigencia extrema y la cultura del sacrificio constante dejaron cicatrices que el deportista aún intenta sanar.
La salud mental: La carrera que nunca termina
Hoy, con una imagen renovada que incluye barba y el cabello largo que antes le era ajeno, Phelps se ha convertido en un abanderado de la salud mental. Su mensaje es claro: la verdadera victoria no está en el podio, sino en la aceptación de la propia vulnerabilidad.
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Aceptación: Ha interiorizado que el bienestar emocional no es una meta estática, sino un proceso: "He aprendido que no estar bien está bien".
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La lucha continua: Define su estabilidad emocional como un trayecto permanente: "Mi viaje con la salud mental nunca se acaba, pero cuidarse es una victoria".
Las palabras de Phelps se suman a las de otras figuras como Simone Biles o Naomi Osaka, quienes han comenzado a desmantelar el mito del atleta invulnerable.