Lo que comenzó como una historia de superación digna de un guion de Hollywood para el Wrexham AFC, se ha convertido en una montaña rusa emocional y financiera para su copropietario, Ryan Reynolds. En una reciente intervención, el actor canadiense dejó de lado el carisma que lo caracteriza para ofrecer una visión brutalmente honesta sobre la realidad de gestionar un club de fútbol profesional.
La adicción al "viaje infernal"
Para Reynolds, la experiencia de rescatar a uno de los clubes más antiguos del mundo ha cruzado la línea de lo profesional para convertirse en algo visceral. El actor no dudó en calificar al fútbol como un "veneno legal" y un "viaje infernal", describiendo una relación de amor-odio con la institución galesa.
"Ser dueño de un club es emocionalmente agotador, financieramente tonto y completamente adictivo", confesó Reynolds.
Una obsesión con doble filo
Bajo la gestión de Reynolds y su socio Rob McElhenney, el Wrexham ha experimentado un ascenso meteórico en términos de popularidad global y rendimiento deportivo. Sin embargo, este éxito tiene un costo personal que el protagonista de Deadpool empieza a cuestionar públicamente.
A pesar de los logros alcanzados en el Racecourse Ground, Reynolds admitió una lucha interna constante: "Estoy obsesionado con Wrexham, aunque una parte de mí desearía no haberme involucrado".
El factor financiero vs. el emocional
Las palabras del actor ponen de relieve la cara oculta de la propiedad deportiva:
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El desgaste emocional: La presión por los resultados y el vínculo con la comunidad local generan una carga difícil de gestionar.
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La insensatez financiera: A diferencia de otros negocios, el fútbol suele ser un pozo sin fondo de gastos donde el retorno de inversión rara vez es monetario.
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La naturaleza adictiva: A pesar del arrepentimiento parcial, la pasión por el juego mantiene a los propietarios atados a la estructura del club.