En el fútbol, el talento suele ser el mejor extintor para el fuego de las críticas. En un Santiago Bernabéu que rugía con hostilidad y reproches, Vinícius Jr. se echó el equipo a la espalda para recordar por qué es uno de los estandartes del Real Madrid.
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Con un gesto técnico de clase mundial, el brasileño rompió el empate ante el Rayo Vallecano y, por un instante, transformó los pitos en una ovación cerrada.
Definición de crack
El partido transcurría bajo una tensión eléctrica; cada pase fallido era castigado por la grada. Sin embargo, en el minuto 15, Vini decidió cambiar el guion. Recibió el balón en el vértice del área, desbordó hacia dentro fabricándose el espacio entre dos defensas y, sin apenas levantar la vista, soltó un latigazo teledirigido.
El balón dibujó una parábola perfecta para colarse por toda la escuadra, dejando al guardameta del Rayo como un espectador más de una ejecución impecable. Fue un gol que sirvió como un grito de rebeldía ante el pesimismo constante.
Beso al escudo
Más allá de la estética del gol, la imagen del partido fue la celebración. Tras ver cómo el balón besaba la red, Vinícius no buscó la confrontación con la grada que minutos antes le señalaba.
En su lugar, el '7' se detuvo frente a la afición y se besó el escudo del Real Madrid de manera reiterada. Un mensaje directo de compromiso en medio de la crisis de intensidad que se le achaca a la plantilla. Con esto también buscar reconciliarse con un madridismo herido tras el fracaso europeo.
Aunque el gol de Vinícius supuso un bálsamo de paz, el clima en Chamartín sigue siendo de exigencia máxima. El brasileño cumplió con su parte del trato: magia y goles. Ahora queda por ver si este destello de genialidad es el inicio de la recuperación del equipo o simplemente un paréntesis en el divorcio entre la plantilla y su afición.