El beisbol siempre guarda un capítulo especial para aquellos jugadores que, más allá de las estadísticas, aportan el corazón en los momentos de máxima presión. En la reciente coronación de los Dodgers de Los Ángeles, el venezolano Miguel Rojas se convirtió en ese protagonista inesperado.
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Un turno para la historia de Los Ángeles
La Serie Mundial llegó a su punto más crítico en el decisivo Juego 7 contra los Azulejos de Toronto. En la parte alta del noveno inning, con los Dodgers debajo en el marcador 4-3 y a solo dos outs de la derrota, Miguel Rojas tomó el madero. Fue un escenario de máxima tensión donde el campocorto mirandino demostró de qué está hecho.
El batazo llegó ante los envíos del relevista Jeff Hoffman. Tras una batalla donde llevó el conteo a 3-2 Rojas descifró un slider de 86 millas que se quedó en la zona de poder. El impacto fue seco y contundente: un cuadrangular solitario por todo el jardín izquierdo que recorrió 387 pies y salió de su bate a una velocidad de 104.9 mph. Ese estacazo empató el juego 4-4 y silenció el Rogers Centre, dándole un segundo aire a unos Dodgers que parecían vencidos.
Lo que hace que este batazo sea aún más épico es el contexto físico del jugador. Rojas jugó gran parte de la postemporada con una hernia que requería cirugía inmediata. Sin embargo, el "Capitán Informal" decidió postergar el quirófano para no abandonar a sus compañeros.
Ese espíritu de sacrificio caló hondo en el dugout. Ver a Rojas esforzarse en cada jugada, a pesar del dolor y de no haber conectado un jonrón desde mediados de septiembre, sirvió como el motor emocional. El batazo en el Clásico de Otoño fue la recompensa justa para un veterano que lo dio todo por la organización, permitiendo que luego, en el inning 11, Will Smith sellara la victoria definitiva con cuadrangular solitario.
Con este triunfo, los Dodgers consolidan una dinastía moderna en la MLB con su segundo título consecutivo, y el nombre de Miguel Rojas queda grabado junto al de figuras como Shohei Ohtani y Yoshinobu Yamamoto. El venezolano demostró que en el beisbol de octubre, no siempre el que más jonrones conecta es el más valioso, sino aquel que aparece cuando el equipo más lo necesita.