El Real Madrid ha tocado fondo. Lo que debía ser un partido de transición para iniciar con buen pie la era de Álvaro Arbeloa en el banquillo, se convirtió en una pesadilla que deja al club blanco fuera de la Copa del Rey en octavos de final.
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El Albacete, con un planteamiento serio y combativo, aprovechó las carencias de un Madrid irreconocible para sellar un 2-1 que ya es historia del fútbol manchego.
El estreno de Arbeloa como técnico del primer equipo fue, en palabras llanas, un desastre táctico. El equipo no mostró rastro de la identidad que históricamente ha definido al club.
Los goles de Villar y Jefté (doblete) desnudaron a una zaga que se mostró lenta, descoordinada y carente de liderazgo. Mientras que, los tantos del Madrid fueron de Franco Mastantuono y Gonzalo.
Tres técnicos en dos años
La eliminación ante un rival de menor categoría no es un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad más profunda. En apenas dos años, el Real Madrid ha visto desfilar a tres entrenadores distintos por su banquillo.
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Carlo Ancelotti
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Álvaro Arbeloa
El nivel de juego ha decaído progresivamente con cada cambio de mando. Esto sugiere que el problema no reside únicamente en la pizarra del entrenador, sino en una estructura deportiva que parece haber perdido el rumbo.
Un fracaso que no admite excusas
Si bien es cierto que la convocatoria estuvo marcada por múltiples bajas (lesiones y rotaciones), para una institución de la grandeza del Real Madrid, esto no justifica la imagen ofrecida. La profundidad de plantilla que siempre ha sido el orgullo de la directiva quedó en entredicho en el Carlos Belmonte.
La afición madridista, ya golpeada por los incidentes racistas sufridos por Vinícius en la previa y la inestabilidad reciente, empieza a señalar directamente a la planificación de la temporada. La sensación general es que el equipo necesita algo más que un "parche" en el banquillo.
Esta eliminación obliga a la directiva encabezada por Florentino Pérez a realizar un análisis de urgencia. Ya no basta con cambiar la cara en el banquillo; la exigencia de la grada apunta a una renovación de la plantilla.