En las oficinas de Valdebebas reina una mezcla de gratitud y pragmatismo. Mientras Thibaut Courtois sigue consolidado como el mejor portero del mundo, el Real Madrid ha comenzado a encender los radares para lo que muchos consideran "el día después del muro". Aunque la confianza en el belga es absoluta, la directiva blanca ya muestra los primeros síntomas de preocupación por la sucesión en la portería más exigente del fútbol global.
El estatus de "intocable"
La postura del club es meridiana: Courtois es intocable. Tras haber sido el héroe de la decimocuarta y una pieza angular en la estabilidad defensiva del equipo durante casi una década, el club le ha otorgado un privilegio que pocos alcanzan bajo la presidencia de Florentino Pérez: él decidirá cuándo irse.
El guardameta permanecerá en la plantilla el tiempo que desee, sin presiones externas ni intentos de empujarlo hacia la salida. Sin embargo, el club es consciente de que el ciclo natural de la vida deportiva podría precipitar un adiós "antes de lo que esperan".
La planificación de una transición silenciosa
A diferencia de otras posiciones, la portería del Real Madrid no admite experimentos. La dirección deportiva sabe que reemplazar a una figura de más de dos metros de altura y una jerarquía incuestionable requiere un plan de años, no de meses.
Existen tres factores que han activado esta preocupación preventiva:
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La exigencia física: Aunque los porteros tienen una longevidad mayor, el desgaste acumulado tras sus lesiones de rodilla obliga al Madrid a estar alerta.
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Nuevos horizontes: El club sospecha que Courtois, tras haberlo ganado todo en Europa, podría sentirse atraído por un cierre de carrera en mercados emergentes o un regreso a su tierra natal antes de lo previsto.
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El mercado de élite: Los relevos generacionales para porteros "clase A" son escasos, y el Real Madrid no quiere verse obligado a pagar una cifra récord en una situación de urgencia.
El espejo de las leyendas
La gestión del Madrid con Courtois recuerda a las transiciones de figuras como Luka Modrić. El club respeta el legado, pero no ignora el calendario. Mientras Andriy Lunin o posibles candidatos jóvenes siguen en el radar, la consigna es clara: observar el mercado sin que Courtois sienta que hay un sucesor esperando en la puerta de embarque.
Por ahora, el Bernabéu respira tranquilo cada vez que el belga se enfunda los guantes, pero en los despachos ya se dibuja el boceto de un futuro sin sus manos.