La temporada de ciclones del Atlántico comienza este domingo con un pronóstico que anticipa un aumento en la actividad, mientras que los fondos destinados a la gestión de emergencias y organismos climáticos en Estados Unidos se ven recortados. Este año, se esperan hasta 10 huracanes y 19 tormentas con nombre, lo que supera el promedio histórico.
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Pronósticos alarmantes
De acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), entre el 1 de junio y el 30 de noviembre, se prevé la formación de entre seis y diez huracanes, de los cuales entre tres y cinco podrían ser de categoría mayor (tres, cuatro o cinco en la escala Saffir-Simpson). Además, se estima que habrá entre 13 y 19 tormentas con nombre, es decir, aquellas con vientos sostenidos superiores a 38 mph. Los nombres asignados a los ciclones incluyen a Andrés, Barry, Chantal y Dexter, entre otros.
Gladys Rubio, meteoróloga del Centro Nacional de Huracanes (NHC), advirtió sobre una temporada más activa de lo habitual. “Cada año tenemos un poco más de ciclones tropicales y es crucial que las personas en áreas propensas, como Florida y la costa del Golfo de México, se preparen adecuadamente”, destacó Rubio.
Causas del aumento de ciclones
El incremento en la cantidad de ciclones se atribuye al calentamiento de los océanos, a una situación neutral del fenómeno del Niño y a un monzón más activo en el oeste de África, que favorece la formación de ondas tropicales. Esta combinación de factores está generando expectativas de una temporada más intensa.
Riesgos crecientes para la población
La proyección para 2025 se da tras una temporada 2024 que ya fue superior a lo normal, con 18 tormentas y 11 huracanes, cinco de los cuales impactaron Estados Unidos. El huracán Helene fue el más devastador, causando más de 200 muertes en estados como Georgia, Florida y Carolina del Norte. Michael Brennan, director del NHC, enfatizó que “no importa realmente lo que diga el pronóstico, siempre hay riesgos cada año”, especialmente dado el aumento de la población en áreas costeras vulnerables.
Controversia política en medio de la emergencia
La temporada de huracanes también inicia en un contexto político tenso. Hace diez días, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que incluye recortes significativos al presupuesto de la NOAA (casi un 30%) y a la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA), con un recorte total de $646 millones. Aunque los funcionarios de NOAA y NHC han afirmado que estos recortes no afectarán sus operaciones, FEMA ha admitido en documentos filtrados que no está completamente preparada.
Los demócratas están impulsando una enmienda para bloquear estos recortes, argumentando que “cortar fondos para el pronóstico del clima no hace al gobierno más eficiente, solo hace más inseguros a los estadounidenses”, según el congresista Jared Moskowitz. Por otro lado, los republicanos, incluido el gobernador de Florida Ron DeSantis, han minimizado las preocupaciones sobre el impacto en la respuesta a desastres.
La combinación de un clima cambiante y recortes presupuestarios plantea serios desafíos para la gestión de emergencias en Estados Unidos.
