La reciente solicitud de protección por bancarrota bajo el Capítulo 11 generó una ola de reacciones en el sector hípico. Durante la audiencia inicial celebrada este 3 de marzo, tanto los responsables del recinto como los jinetes de Illinois recibieron palabras de aliento, aunque el tribunal no tomó medidas definitivas inmediatas sobre el futuro de la entidad.
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Un colapso financiero que amenaza la licencia de carreras
La crisis estalló el pasado 28 de febrero, cuando el hipódromo de Hawthorne se declaró oficialmente en quiebra. Esta decisión surgió tras una serie de reveses financieros que llevaron al congelamiento de sus cuentas bancarias. Como consecuencia directa, los cheques destinados a los jinetes resultaron devueltos por falta de fondos, lo que obligó a la Junta de Carreras de Illinois (IRB) a suspender la licencia de carreras a la entidad Suburban Downs.
En el expediente judicial, la empresa detalló deudas millonarias con contratistas, socios de retransmisión y otros proveedores del turf. Para intentar mitigar el daño, la administración aseguró una financiación provisional de 16 millones de dólares. Con estos recursos, solicitaron al juez Timothy Barnes la autorización de gastos urgentes que eviten un "perjuicio irreparable" a la infraestructura y al gremio.
El futuro de los purasangre en la cuerda floja
El plan de reorganización busca, prioritariamente, saldar las bolsas de premios atrasadas. Sin este pago, los propietarios y entrenadores advirtieron que no enviarán sus ejemplares para la reunión de purasangre programada para el 29 de marzo.
Tim Carey, líder de la organización, enfatizó que cientos de profesionales en todo el país esperan esta resolución para decidir su destino competitivo. El fracaso de esta temporada no solo significaría el fin de la actividad inmediata, sino que provocaría la pérdida definitiva de la licencia de carreras, anulando cualquier posibilidad de desarrollar un futuro hípico en la propiedad y desplomando el valor del histórico recinto suburbano de Chicago.