El Real Madrid sumó tres puntos de oro ante el Rayo Vallecano, pero el marcador de 2-1 es un espejismo que no logra ocultar la profunda crisis de identidad que atraviesa el equipo de Arbeloa.
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En una noche que debía ser de redención tras el fracaso en Champions League, el Santiago Bernabéu dictó sentencia, la victoria no basta si el fútbol y la actitud no aparecen.
Escasez de juego e ideas
El partido comenzó con un destello de genio. Al minuto 15, Vinícius Jr. fabricó una obra de arte, mandando el balón a la escuadra y silenciando momentáneamente las críticas.
Sin embargo, el efecto analgésico del gol duró poco. A excepción del brasileño, el Madrid fue un equipo plano, previsible y sin colmillo, provocando que los pitos regresaran con fuerza cada vez que el Rayo merodeaba el área de un Thibaut Courtois que volvió a ser el salvador.
La fragilidad blanca quedó expuesta nada más iniciar el complemento. Jorge De Frutos aprovechó la pasividad defensiva para poner la igualdad, desatando un verdadero terremoto en las gradas.
El Rayo tuvo contra las cuerdas al gigante blanco; solo las intervenciones milagrosas del portero belga evitaron que la tragedia fuera completa y que el equipo de la franja consumara la remontada.
Caos, expulsiones y el alivio final de Mbappé
El guion del partido dio un giro dramático en el tramo final. Primero una dura plancha sobre Dani Ceballos dejó al Vallecano con diez hombres, obligando a los visitantes a replegarse.
Con el Madrid volcado al ataque pero sin efectividad, una falta clara sobre Brahim Díaz dentro del área en el tiempo de descuento le dio la oportunidad definitiva a los locales. Desde los once metros, Kylian Mbappé mandó el balón al fondo de la red para sellar el 2-1 definitivo, maquillando un partido gris con un gol agónico.
Cabe destacar, que en el último suspiro, Pep Chavarría vio la segunda amarilla, dejando a su equipo con nueve jugadores justo antes del pitido final. A pesar del triunfo, el Real Madrid sigue dejando una imagen preocupante de falta de intensidad, un mal que arrastra desde la temporada pasada.
Con este resultado, los merengues se mantienen a tan solo un punto del Barcelona, manteniendo viva la lucha por LaLiga, aunque la sensación en Chamartín es que, jugando así, el camino hacia el título será un calvario.