La final de la Copa África de 2026 no será recordada por el fútbol, sino por uno de los mayores escándalos arbitrales que se han visto en el continente. La tensión escaló a tal punto que la selección de Senegal decidió abandonar el terreno de juego tras sentirse víctima de un "robo" deliberado frente a Marruecos, el país anfitrión. El detonante fue un penalti señalado a favor de los marroquíes en el minuto 97, una decisión que desató el caos absoluto.
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Un gol anulado que encendió la mecha
El encuentro ya venía cargado de electricidad. Senegal, que durante gran parte del partido se mostró superior a los locales, vio cómo sus esperanzas se truncaban por primera vez en el minuto 92. Ismaila Sarr logró batir la red marroquí, adelantando a su equipo en lo que parecía el gol del título. Sin embargo, el colegiado congolés Jean-Jacques Nagambo anuló el tanto de inmediato, sin siquiera esperar la revisión del VAR.
La decisión se basó en una supuesta falta de Seck sobre Achraf Hakimi. No obstante, las repeticiones mostraron un simple forcejeo donde el lateral del PSG pareció tropezar solo. Fue un primer golpe devastador para la moral senegalesa, que veía cómo un gol legítimo se esfumaba bajo una interpretación arbitral más que cuestionable.
El estallido: Brahim Díaz y el penalti de la discordia
Lo peor estaba reservado para el cierre. En el minuto 97, durante un saque de esquina, Brahim Díaz cayó en el área senegalesa. El mediapunta del Real Madrid reclamó con insistencia una falta de Diouf. Aunque inicialmente Nagambo no señaló nada, el VAR lo llamó a revisión. Tras ver las imágenes —donde se apreciaba que Brahim ponía mucho de su parte para irse al suelo—, el árbitro cambió de opinión y señaló el punto de penalti.
La reacción de Senegal fue visceral. Los jugadores, indignados, rodearon la pantalla del VAR para ver las mismas imágenes que el colegiado. En la banda, el seleccionador Pape Thiaw, fuera de sí por la injusticia, instó a sus futbolistas a que abandonaran el campo. Lo que siguió fueron 15 minutos de incertidumbre total, con los jugadores senegaleses amagando con enfilar el túnel de vestuarios mientras el estadio era un hervidero de nervios.
La mediación de Sadio Mané y el desenlace inesperado
En medio del motín, emergió la figura de Sadio Mané. Mientras sus compañeros y el cuerpo técnico se retiraban, el capitán se mantuvo firme, pidiendo calma y exigiendo a los suyos que regresaran para terminar el partido en el césped y no en los despachos. Finalmente, a regañadientes y tras largas discusiones con las autoridades de la CAF, Senegal volvió al campo casi un cuarto de hora después.
La justicia poética, para algunos, o el peso de la presión, para otros, apareció en el último suspiro: Brahim Díaz fue el encargado de ejecutar la pena máxima y, ante el asombro del público local, falló el disparo. El fútbol devolvió algo de lo que el arbitraje intentó quitar, cerrando una de las páginas más rocambolescas y polémicas en la historia del fútbol africano.
