En un giro histórico que redefine el tablero del fútbol continental, el FC Barcelona ha anunciado oficialmente este sábado su desvinculación definitiva del proyecto de la European Super League (ESL). Mediante un comunicado formal, la entidad azulgrana rompe los lazos con la sociedad gestora del torneo y con los clubes que aún permanecían en la alianza, poniendo fin a años de resistencia judicial y política frente a la UEFA.
El fin de una era de rebeldía
El club catalán, que junto al Real Madrid se había mantenido como el último gran bastión del proyecto tras la desbandada masiva de 2021, ha decidido cambiar de rumbo. Según la nota emitida, el club "ha comunicado formalmente a 'European Super League Company' y a los clubes integrantes su desvinculación del proyecto".
Esta decisión se produce tras meses de intensos debates internos en la junta directiva y una creciente presión por normalizar las relaciones con los organismos rectores del fútbol internacional.
Las claves de la salida
Aunque el comunicado se centra en el hecho administrativo de la desvinculación, diversas fuentes sugieren que la decisión responde a una combinación de tres factores críticos:
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Estabilidad institucional: La necesidad de fortalecer la posición del club en la ECA (Asociación de Clubes Europeos) y asegurar su participación sin fricciones en los nuevos formatos de la Champions League.
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Viabilidad económica: El Barça parece priorizar ahora la seguridad de los ingresos garantizados por la UEFA en lugar de la promesa de un modelo de negocio que, tras años de litigios, no terminaba de materializarse.
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El aislamiento de Florentino Pérez: Con esta salida, el Real Madrid queda como el único club de peso que defiende activamente el formato original de la Superliga, dejando el proyecto en una situación de extrema debilidad técnica y comercial.
El impacto de esta noticia ha sido inmediato. Desde la UEFA, el sentimiento es de victoria simbólica, mientras que los aficionados culés se debaten entre el alivio por evitar posibles sanciones y la nostalgia por lo que se presentó como una "revolución necesaria" para el fútbol profesional.