La NBA está siendo testigo de una anomalía estadística que reafirma el dominio de una de las canteras más prestigiosas del baloncesto universitario. Cooper Flagg y Kon Knueppel, compañeros de clase en la Universidad de Duke y ahora rivales en el profesionalismo, están firmando temporadas de novatos tan productivas que amenazan con establecer un récord que nunca se ha visto en casi ocho décadas de historia de la liga.
Un duelo de décimas en la cima
La carrera por el novato del año se ha convertido en un duelo de espejos. Por un lado, Cooper Flagg está cumpliendo con las expectativas de jugador generacional al promediar 18.8 puntos por partido. Por el otro, Kon Knueppel ha silenciado a los escépticos con una eficiencia asombrosa, registrando una media de 18.7 puntos.
La paridad es tal que apenas una décima de punto separa a los dos ex-Blue Devils, quienes han logrado trasladar su química universitaria a un impacto inmediato en el máximo nivel.
Un hito inédito en la historia del Draft
Lo que hace que estos números sean trascendentales no es solo el volumen de anotación, sino su origen. Si ambos mantienen el ritmo actual, será la primera vez en la historia de la NBA que dos novatos provenientes de la misma universidad promedien más de 16.0 puntos por partido en la misma temporada.
Este hito superaría lo hecho por otras parejas legendarias de una misma alma máter que entraron juntas a la liga, pero que no lograron alcanzar ese umbral de anotación simultáneo en su año de debut.
La nueva era de los "One and Done"
El éxito de Flagg y Knueppel es el testimonio definitivo del programa de Jon Scheyer en Duke, que ha logrado preparar a sus prospectos para una transición inmediata y agresiva al profesionalismo. Mientras que en décadas pasadas los novatos solían tener un periodo de adaptación, esta dupla ha tomado las riendas de sus respectivas franquicias desde el primer salto entre dos.
Con más de la mitad de la campaña disputada, la consistencia será la clave. Mantener un promedio superior a las 16 unidades requiere no solo talento, sino salud y la confianza de sus entrenadores en los momentos de presión. De lograrlo, Flagg y Knueppel no solo habrán asegurado sus nombres en los libros de récords, sino que habrán elevado el prestigio de su universidad a niveles nunca antes vistos en la era moderna del Draft.