Hay noches en las que las estadísticas dejan de ser números para convertirse en arte, y lo que Nikola Jokic hizo en el Chase Center frente a los Golden State Warriors fue una clase magistral de eficiencia. Al serbio no le hicieron falta los 48 minutos reglamentarios; antes de que sonara la bocina del tercer cuarto, ya había grabado su nombre en lo más alto.
El récord de la precisión: 81 y contando
Con su actuación de anoche, Jokic alcanzó los 81 triples-dobles en su carrera, estableciendo la marca más alta jamás registrada desde que se lleva el seguimiento posesión por posesión (la denominada play-by-play era).
Lo que hace este hito verdaderamente asombroso no es solo la cifra, sino la velocidad y facilidad con la que lo consigue:
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Eficiencia absoluta: Logró la hazaña en apenas tres periodos, permitiéndose descansar en el último cuarto mientras el partido estaba decidido.
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El point center: Jokic no solo domina la pintura, sino que orquesta el ataque como un base, demostrando por qué es el pívot con mejor visión de juego en la historia del deporte.
Una era dominada por el Joker
El término "clase aparte" suele usarse a la ligera, pero en el caso del dos veces MVP, los datos lo respaldan. En una era definida por el triple y el ritmo vertiginoso, Jokic ha impuesto un estilo donde la inteligencia espacial y el pase quirúrgico son las armas definitivas.
¿Dónde está el techo?
Con 81 triples-dobles y aún en la plenitud de su carrera, la pregunta en la NBA ya no es si Jokic es el mejor pívot pasador de la historia, sino qué tan lejos llevará los límites de la posición. Superar a leyendas en la era del seguimiento detallado lo coloca en un pedestal donde, por ahora, se encuentra completamente solo.
Noche tras noche, el Madison Square Garden, el Chase Center o el Ball Arena se convierten en el escenario de un jugador que no compite contra sus rivales, sino contra la propia historia del baloncesto.