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Venezuela acaba de culminar su quinta participación en Mundiales de baloncesto y me he dado el tiempo de leer múltiples comentarios en redes sociales, así como escuchar el boca a boca, sobre la actuación criolla en la cita mundialista. No es por querer exagerar, pero el 95% de las reflexiones han sido de: crítica, rechazo, exasperación y fastidio.

Como todo buen demócrata no puedo negarme en ningún momento a la libertad de expresión, pero eso tampoco me ciega a poder realizarme 3 cuestionamientos respecto a los comentarios leídos y escuchados: ¿Sabemos de dónde venimos?, ¿Sabemos lo que hemos logrado?, ¿Sabemos a dónde vamos? Creo que esas son las verdaderas interrogantes que todos nos debemos hacer.

“Volver al futuro” es el título que lleva la legendaria trilogía de películas de ciencia ficción, dirigida por Robert Zemeckis y producida por el mítico, Steven Spielberg. En esta saga se nos presenta la premisa de la posibilidad de viajar en el tiempo, y justamente es de lo que hablaremos esta ocasión en la columna, de un viaje en el tiempo, para buscar darle respuestas a las preguntas que nos planteamos anteriormente.

Si yo me montara en el Delorean —vehículo con el que se transportaban en el tiempo en la película— y viajara 10 años al pasado (2013), estoy seguro que al llegar nadie me pudiese creer que en esta próxima década, la selección nacional de baloncesto lograría: dos clasificaciones a Mundiales (de forma consecutiva), una presencia en Juegos Olímpicos, dos Campeonatos Sudamericanos y un Campeonato FIBA Américas, además de presencias en diferentes torneos de categoría mundial.

Y saben por qué me juzgarían, porque lo que veíamos como algo irreal hace 10 años, en este periodo de tiempo se ha podido cumplir. Aquí viene la respuesta a dos de las tres interrogantes que realizamos al principio de la columna: ¿Sabemos de dónde venimos y lo que hemos logrado?

Espero sepan entender que al hablar de dónde venimos y de nuestra historia en el baloncesto, no quiero en ningún momento menospreciar lo que hemos logrado en el pasado ya que: habíamos ido a mundiales, habíamos ganado Campeonatos Sudamericanos y nuestros Héroes de Portland nos hicieron felices con la clasificación a los Juegos Olímpicos de 1992.

Pero, ¿Cuánto tiempo pasó desde aquella clasificación a los Juegos Olímpicos hasta la siguiente?, ¿Cuánto tiempo pasó de la primera clasificación a un Mundial a la segunda?, ¿Cuánto tiempo pasó desde el primer Campeonato Sudamericano hasta el próximo? Esto es lo que nos tiene que poner en un real contexto de dónde venimos.

Durante 10 años un grupo de jugadores nos han llevado a competir contra los más altos exponentes a nivel mundial, pero tenemos que entrar en contexto y saber que a pesar de lo bueno que es estar siempre presentes, esto que se ha logrado no es común. Para muestra un botón: miren a la subcampeona del mundo en 2019, Argentina, un seleccionado que tiene jugadores en la Euroliga, que tiene referentes en el Real Madrid y que no solo se quedó fuera de este Mundial, sino también no irá repechaje olímpico.

Y al decir esto, no nos menosprecio como selección; más bien nos hago un halago ¿Por qué? Porque con “menos recursos” que los demás igual estuvimos compitiendo.

No puedo tampoco negar una realidad, la presente actuación en la Copa del Mundo FIBA 2023, ha sido la peor en materia estadística para Venezuela en su historia. El acabar con récord de 0 y 5, el no poder ganar a un rival africano, el no ganar ni siquiera un partido en ronda de reclasificación, el seguir sin triunfos contra equipos europeos, sumado a la serie de derrotas consecutivas en partidos amistosos y no amistosos sufridos antes de esta contienda. Son puntos que nos tienen que dejar a la reflexión y que los entes competentes tienen que analizar para que esto sume y no nos reste de cara al futuro.

Porque, si yo me vuelvo a montar en ese Delorean —que les dije hace un rato— espero que cuando yo viaje 10 años en el futuro (2033) no me encuentre con una selección que ya no ha ido mas a Mundiales, con una selección que se va sin victorias de los torneos, con una selección que no exporta talento a Europa, con una selección que todavía tenga 3 NBA, con una selección que no invierta en su talento joven, en fin con una selección que no compita.

Lo que espero —aparte de ver vehículos voladores— es encontrarme todavía en el ADN del jugador venezolano, ese gen de competencia, ese gen de lucha y de apuesta hacia la excelencia. Encontrarme con varios jugadores de más de 2 metros, con una selección que compita de de tú a tú contra quien sea, espero tener guerreros como estos que nos han representado durante los últimos 10 años, y que esperemos hayan puesto los cimientos de una estabilidad dentro del baloncesto en Venezuela.

Muchachos, nuevamente gracias por todo y la historia se los sabrá agradecer.

¡Cambio y fuera Doc!

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