La victoria de UCLA anoche no fue el titular principal en el Pauley Pavilion. La imagen que está dando la vuelta al mundo del baloncesto universitario no es un triple ganador ni un mate espectacular, sino el dedo índice de Mick Cronin señalando el camino a los vestuarios a uno de los suyos: Steven Jamerson III.
El cronómetro apenas dictaba el ritmo del juego cuando Jamerson III cometió una infracción que, a ojos del cuerpo técnico, fue más que un error táctico; fue una falta de disciplina. Tras recibir una falta personal (o técnica, según reportes de pie de pista), la reacción del jugador no sentó nada bien en el banquillo de los Bruins.
Cronin, conocido por su estilo de "amor duro" y una exigencia defensiva innegociable, no esperó a que terminara el cuarto ni al tiempo muerto. En un intercambio de palabras visiblemente tenso, el entrenador decidió que la participación de Jamerson III había terminado por esa noche, ordenándole retirarse inmediatamente al vestuario.
El efecto Cronin
No es la primera vez que el entrenador jefe de UCLA prioriza la cultura del equipo sobre el talento individual en la pista. Para Cronin, el respeto a la jerarquía y el control emocional son pilares fundamentales.
"Aquí jugamos de una manera determinada. El nombre en el pecho importa más que el nombre en la espalda", ha reiterado el técnico en ocasiones anteriores.
A favor de la decisión:
-
Autoridad y cultura: En programas de élite como la NCAA, permitir una falta de respeto o un descontrol emocional sienta un precedente peligroso. Expulsarlo envía un mensaje claro al resto de la plantilla: nadie es indispensable.
-
Protección del Jugador: A veces, sacar a un jugador de un entorno de alta presión cuando está "fuera de sí" evita que cometa un error mayor que pueda costarle una sanción más larga o dañar su reputación permanentemente.
En contra (o matices):
- Gestión en frío: Muchos analistas argumentan que estas situaciones deben manejarse en el vestuario, de forma privada, para no humillar públicamente a un joven atleta.
-
Impacto deportivo: Perder a un jugador por un "castigo" interno puede costar partidos. Es un riesgo calculado que no siempre sale bien.
