El estallido de Roberto Íñiguez que sacude los cimientos del deporte femenino

Tras la victoria del Básquet Girona en la Liga Endesa, el técnico arremetió contra la doble vara de medir en el trato a entrenadores de equipos masculinos y femeninos, exigiendo una "igualdad real" que incluya la exigencia máxima

Martes, 03 de febrero de 2026 a las 04:20 pm
El estallido de Roberto Íñiguez que sacude los cimientos del deporte femenino
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Roberto Íñiguez no es un técnico de medias tintas. Conocido por su intensidad volcánica y su perfeccionismo táctico, el entrenador del Básquet Girona Femenino ha protagonizado uno de los momentos más tensos y virales de la temporada, no por el juego de sus jugadoras, sino por un discurso punzante sobre el feminismo y la igualdad en el deporte profesional.

El detonante fue un tiempo muerto en los minutos finales de su último encuentro. A pesar de que la victoria estaba encarrilada, Íñiguez mostró su monumental enfado por la relajación de sus jugadoras. La reacción de una parte de la grada (murmullos de desaprobación ante los gritos del técnico) fue la gota que colmó el vaso.

¿Igualdad solo para lo bueno?

En la comparecencia posterior, lejos de suavizar el tono, Íñiguez lanzó un órdago directo a la opinión pública. El técnico cuestionó por qué se aplaude la "mano dura" y el carácter en el baloncesto masculino mientras que, en el femenino, ese mismo comportamiento se etiqueta a menudo como excesivo o fuera de lugar.

"Uh, ¿qué? ¿No queremos igualdad en todo? ¿O solo en lo bueno?", espetó el técnico ante los medios, visiblemente molesto por la condescendencia que, a su juicio, todavía rodea al deporte femenino.

Un mensaje sin filtros

La frase más tajante de la rueda de prensa llegó cuando se le preguntó por las posibles críticas a su estilo de dirección. "Me da igual lo que piensen", sentenció, dejando claro que su compromiso con el equipo pasa por el nivel de exigencia profesional, independientemente del género de quienes están en la pista.

Para Íñiguez, el verdadero respeto hacia las deportistas no reside en el paternalismo o en suavizar las formas, sino en tratarlas como profesionales de élite sujetas a la misma presión y escrutinio que sus homólogos masculinos.

El debate está servido

Las declaraciones han generado un terremoto en redes sociales y círculos deportivos, dividiendo a la opinión pública entre:

  1. Quienes apoyan su visión: Argumentan que para que el deporte femenino crezca, debe despojarse de etiquetas de "fragilidad" y aceptar la crítica y la intensidad técnica como parte del juego.

  2. Quienes critican las formas: Sostienen que el respeto en la dirección de grupos no debería depender del género, y que la agresividad verbal en los tiempos muertos es una herencia del deporte antiguo que debería revisarse en ambos sexos.

Lo que es innegable es que Roberto Íñiguez ha puesto el dedo en la llaga de una contradicción incómoda: si la igualdad es el objetivo, los estándares de exigencia (y la libertad del entrenador para imponerlos) no deberían conocer fronteras de género.

 

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