La ciudad de Pittsburgh ha perdido a su héroe más eterno. Los Piratas confirmaron esta mañana el fallecimiento de Bill Mazeroski, el legendario segunda base que dejó una huella imborrable en la historia de las Mayores. A sus 89 años, "Maz" se despide dejando un legado que combina la elegancia defensiva con el momento más dramático y celebrado que ha visto un diamante de béisbol.
13 de octubre de 1960: El vuelo hacia la eternidad
Aunque Mazeroski fue un pelotero integral, su nombre vivirá por siempre ligado a una tarde de otoño en el desaparecido Forbes Field. Era el séptimo juego de la Serie Mundial de 1960. Los Piratas se enfrentaban a los poderosos Yankees de Nueva York de Mickey Mantle y Roger Maris. En la parte baja de la novena entrada, con el marcador empatado a nueve carreras, Mazeroski conectó un lanzamiento de Ralph Terry que sobrevoló la barda del jardín izquierdo.
Aquel jonrón de oro (walk-off) sigue siendo, hasta el día de hoy, el único en la historia de la MLB que ha decidido un séptimo juego de Serie Mundial. La imagen de Mazeroski corriendo las bases, agitando su casco mientras los aficionados invadían el campo, es el símbolo definitivo de la victoria de David contra Goliat.
El mago de la segunda base
Más allá de aquel batazo, Bill Mazeroski fue una institución de la defensa. Apodado No Hands (Sin Manos) por la rapidez casi sobrenatural con la que realizaba las asistencias y completaba los doble plays, Mazeroski redefinió su posición. Jugó sus 17 temporadas (1956-1972) con el uniforme de los Piratas, acumulando un palmarés que justifica su entrada al Salón de la Fama en 2001:
- 8 Guantes de Oro, reconocimiento a su excelencia defensiva.
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10 selecciones al Juego de Estrellas.
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2 títulos de Serie Mundial (1960 y 1971).
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Récord histórico de más doble plays realizados por un segunda base (1,706).
Un adiós con honores
El propietario de los Piratas, Bob Nutting, expresó en un comunicado la profunda tristeza de la organización: "Maz fue único en su clase, una verdadera leyenda. Siempre será recordado por el jonrón más grande de la historia, pero lo recordaremos más por la persona que fue: humilde, amable y orgulloso de ser un Pirata".
Con su número 9 retirado en lo alto del PNC Park y una estatua que custodia la entrada del estadio, Mazeroski no se va del todo. Su figura seguirá inspirando a quienes creen que, con un guante seguro y un swing oportuno, cualquier gigante puede ser derribado. El béisbol hoy es un poco menos mágico, pero su historia es ahora, finalmente, inmortal.
