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Martes 26 de Octubre de 2021

Beisbol Grandes Ligas

La lucha será por ir a la Serie Mundial| AP
La lucha será por ir a la Serie Mundial| AP
beisbol grandes ligas

De la polémica a la gloria: dos equipos y un mismo objetivo

Miércoles 13| 10:07 pm


Gonzalo Urgelles R. |@GnzaUrglls

CARACAS. Contra todo pronóstico, y no por falta de talento o por quitarles mérito, sino más bien reconocer lo hecho por patiblancos y floridanos a lo largo de la campaña, los Medias Rojas de Boston y los Astros de Houston liquidaron en cuatro juegos sus respectivas Series Divisionales, para avanzar a la siguiente fase del campeonato, donde deberán medir fuerzas para definir al monarca del joven circuito.

Los Medias Blancas de Chicago, luego de dar una muestra de superioridad en su división, al liderar el grupo durante toda la campaña y sin mayor oposición, fueron absolutamente neutralizados por el equipo sideral. Entre los dos primeros choques, los dirigidos por Tony LaRussa se combinaron para anotar –a duras penas– cinco carreras; despertaron para el juego tres, en el que anotaron una docena de rayitas, evitando la barrida.

No obstante, en el cuarto enfrentamiento volvieron a su letargo, al pisar el plato una sola vez. En contraparte, la rebelión patiblanca del tercer juego parece haber despertado a una bestia texana que había producido a media máquina, y que puso fin a la serie con diez carreras en el último cotejo.

José Altuve comenzó con un ritmo lento, como las locomotoras, que van siempre de menos a más. El maracayero solo acumuló par de incogibles en 11 turnos durante los primeros tres juegos, pero para el juego final tuvo una actuación colosal, con tres hits en cinco oportunidades, un doble, un cuadrangular, cuatro anotadas y tres impulsadas… además –por si fuera poco– se robó una base… sí, lo hizo todo.

Los demás juegos tuvieron distintos héroes, como Kyle Tucker que se lo tomó personal durante los juegos dos y tres, impulsando un total de siete carreras. Michael Brantley y Yordan Álvarez también aplicaron la misma tónica de lo que hicieron durante la campaña, mientras que Álex Bregman y Carlos Correa comienzan a dar señales de los peligrosísimos paleadores que son.

ALTUVE-2

 

Y qué decir del pitcheo, encabezado por un Lance McCullers Jr. que maniató dos veces a la toletería de los Chisox.

Del otro lado de la acera, tenemos a los Medias Rojas, que pusieron el freno a los Rays en la instancia que realmente importaba. Tampa Bay pudo haber sido imbatible a lo largo de la temporada regular, pero en Playoffs –tarde o temprano– les da frío, no se creen el equipazo que son y eso acaba por pasarles factura.

Boston cayó –por blanqueada– en el primer compromiso y muchos dieron la serie por decidida. El juego agresivo de Wander Franco y Randy Arozarena, daba para creerlo, pero los patirrojos tenían otros planes.

Con Kiké Hernández en plan estelar, los Medias Rojas desplegaron todo su arsenal ofensivo para empatar la serie en el juego 2; con cinco cuadrangulares, los de Álex Cora dieron un golpe a la mesa y anotaron catorce carreras, para apabullar al rival que no halló forma alguna de reaccionar.

De ahí en adelante, los dos juegos que vinieron –y la serie en sí– estaba para cualquiera de los dos, pero terminó siendo para el que tuvo el valor de tomarla. Hernández se tomó la serie para él solo, siendo la principal bujía que le daba vida al motor de Nueva Inglaterra. Rafael Devers está llamado a despertar ante Houston, y en el último juego dio señales de ello.

También es cierto que desde la lomita, Boston contó con un héroe inesperado. En el tercer juego, cuando más lo necesitaban, Nick Pivetta salió en labores de relevo y lanzó cuatro entradas cruciales para las aspiraciones bostonianas.

Finalmente, Eduardo Rodríguez se reivindicó de una primera salida acontecida, en la que tampoco contó con la confianza de su mánager, al solo trabajar 1.2 entradas en las que le hicieron dos carreras. El valenciano volvió por lo suyo y lanzó cinco innings, recetó a seis bateadores y toleró par de carreras.

Viene beisbol del bueno, o así debería ser, los dos equipos dieron una demostración de lo que pueden y de lo que saben hacer cuando se concentran en lo que pasa en el terreno. El campeón de 2017, el campeón del 2018, dos equipos que fueron duramente cuestionados, uno de ellos volverá a disputar la Serie Mundial.

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CARACAS. Contra todo pronóstico, y no por falta de talento o por quitarles mérito, sino más bien reconocer lo hecho por patiblancos y floridanos a lo largo de la campaña, los Medias Rojas de Boston y los Astros de Houston liquidaron en cuatro juegos sus respectivas Series Divisionales, para avanzar a la siguiente fase del campeonato, donde deberán medir fuerzas para definir al monarca del joven circuito.

Los Medias Blancas de Chicago, luego de dar una muestra de superioridad en su división, al liderar el grupo durante toda la campaña y sin mayor oposición, fueron absolutamente neutralizados por el equipo sideral. Entre los dos primeros choques, los dirigidos por Tony LaRussa se combinaron para anotar –a duras penas– cinco carreras; despertaron para el juego tres, en el que anotaron una docena de rayitas, evitando la barrida.

No obstante, en el cuarto enfrentamiento volvieron a su letargo, al pisar el plato una sola vez. En contraparte, la rebelión patiblanca del tercer juego parece haber despertado a una bestia texana que había producido a media máquina, y que puso fin a la serie con diez carreras en el último cotejo.

José Altuve comenzó con un ritmo lento, como las locomotoras, que van siempre de menos a más. El maracayero solo acumuló par de incogibles en 11 turnos durante los primeros tres juegos, pero para el juego final tuvo una actuación colosal, con tres hits en cinco oportunidades, un doble, un cuadrangular, cuatro anotadas y tres impulsadas… además –por si fuera poco– se robó una base… sí, lo hizo todo.

Los demás juegos tuvieron distintos héroes, como Kyle Tucker que se lo tomó personal durante los juegos dos y tres, impulsando un total de siete carreras. Michael Brantley y Yordan Álvarez también aplicaron la misma tónica de lo que hicieron durante la campaña, mientras que Álex Bregman y Carlos Correa comienzan a dar señales de los peligrosísimos paleadores que son.

ALTUVE-2

 

Y qué decir del pitcheo, encabezado por un Lance McCullers Jr. que maniató dos veces a la toletería de los Chisox.

Del otro lado de la acera, tenemos a los Medias Rojas, que pusieron el freno a los Rays en la instancia que realmente importaba. Tampa Bay pudo haber sido imbatible a lo largo de la temporada regular, pero en Playoffs –tarde o temprano– les da frío, no se creen el equipazo que son y eso acaba por pasarles factura.

Boston cayó –por blanqueada– en el primer compromiso y muchos dieron la serie por decidida. El juego agresivo de Wander Franco y Randy Arozarena, daba para creerlo, pero los patirrojos tenían otros planes.

Con Kiké Hernández en plan estelar, los Medias Rojas desplegaron todo su arsenal ofensivo para empatar la serie en el juego 2; con cinco cuadrangulares, los de Álex Cora dieron un golpe a la mesa y anotaron catorce carreras, para apabullar al rival que no halló forma alguna de reaccionar.

De ahí en adelante, los dos juegos que vinieron –y la serie en sí– estaba para cualquiera de los dos, pero terminó siendo para el que tuvo el valor de tomarla. Hernández se tomó la serie para él solo, siendo la principal bujía que le daba vida al motor de Nueva Inglaterra. Rafael Devers está llamado a despertar ante Houston, y en el último juego dio señales de ello.

También es cierto que desde la lomita, Boston contó con un héroe inesperado. En el tercer juego, cuando más lo necesitaban, Nick Pivetta salió en labores de relevo y lanzó cuatro entradas cruciales para las aspiraciones bostonianas.

Finalmente, Eduardo Rodríguez se reivindicó de una primera salida acontecida, en la que tampoco contó con la confianza de su mánager, al solo trabajar 1.2 entradas en las que le hicieron dos carreras. El valenciano volvió por lo suyo y lanzó cinco innings, recetó a seis bateadores y toleró par de carreras.

Viene beisbol del bueno, o así debería ser, los dos equipos dieron una demostración de lo que pueden y de lo que saben hacer cuando se concentran en lo que pasa en el terreno. El campeón de 2017, el campeón del 2018, dos equipos que fueron duramente cuestionados, uno de ellos volverá a disputar la Serie Mundial.

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