El ritmo vertiginoso de la NBA moderna ha llegado a un punto crítico, y una de las voces más autorizadas de la liga ha decidido alzar la voz. Steve Kerr, entrenador de los Golden State Warriors, lanzó una propuesta que busca sacudir los cimientos del calendario profesional: reducir la temporada regular en 10 partidos.
Para Kerr, la actual estructura de 82 encuentros, heredada de una era con un estilo de juego radicalmente distinto, ya no es sostenible si se desea mantener la integridad física de los jugadores y la calidad del espectáculo.
La justificación de Kerr no es caprichosa. El técnico sostiene que el estilo de juego actual, caracterizado por el "pace and space" (ritmo acelerado y aprovechamiento del espacio), exige un despliegue atlético muy superior al de décadas pasadas.
Bajo esta premisa, una reducción a 72 partidos permitiría eliminar los agotadores back-to-back (partidos en noches consecutivas) y reduciría drásticamente los viajes transcontinentales en periodos cortos, factores que los especialistas médicos señalan como los principales causantes de lesiones por estrés y fatiga.
Calidad sobre cantidad
El argumento de Kerr apunta a un beneficio doble. Por un lado, una liga más saludable significa que las estrellas estarían disponibles en más encuentros, combatiendo directamente el fenómeno del load management (descanso programado) que tanto molesta a los aficionados y a las cadenas televisivas.
Por otro lado, una liga más competitiva. Al haber menos partidos, cada victoria adquiere un valor porcentual mayor, lo que obligaría a los equipos a jugar con una intensidad de postemporada desde los primeros meses de la campaña.