La historia del hipismo venezolano guarda en sus páginas doradas una fecha de culto: el 23 de marzo de 2003. Aquella tarde, el óvalo de Valencia fue testigo de una de las exhibiciones de coraje más puras de My Own Business. El hijo de Voyageur no solo derrotó a sus rivales de turno; venció a la física y al plomo en una edición del Clásico Invitacional que aún hoy estremece a los aficionados.
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Bajo la preparación del cuerpo técnico liderado por Antonio Bellardi, el "Campeón de todos los tiempos" enfrentó un reto mayúsculo. La escala de hándicap le asignó la astronómica cifra de 60 kilogramos, un lastre que, en la teoría de las carreras de caballos, iguala las fuerzas y castiga la velocidad natural de los punteros.
Un trámite de seda y un final de acero
Desde el estallido de los aparatos de partida, la superioridad de My Own Business resultó evidente con la monta de Ángel Alciro Castillo. El crack tomó el comando de la prueba con una soltura impropia de un ejemplar que cargaba tal cantidad de peso. Su paso por los primeros parciales fue un ejercicio de elegancia; el caballo se desplazó con una comodidad pasmosa, mientras el resto del lote intentaba, sin éxito, seguir su estela.
Al girar la última curva, la victoria parecía un hecho consumado. Sin embargo, la recta final del hipódromo carabobeño preparó un desenlace de infarto:
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La embestida: Circle of Power, un corredor de gran fondo, lanzó un ataque sorpresivo desde el centro de la pista.
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El factor peso: En los 200 metros finales, los 60 kilos en el lomo de My Own Business parecieron pasar factura ante el empuje de su retador.
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La casta del ídolo: Justo cuando la derrota asomó como una posibilidad real, el purasangre criollo sacó a relucir su gen de campeón.
Una reacción para la posteridad
El final de la carrera fue una lección de pundonor. My Own Business, acosado por el avance incontenible de Circle of Power, no entregó la punta. Por el contrario, el caballo reaccionó ante el estímulo de su jinete y, en un despliegue de fuerza bruta y corazón, mantuvo la mínima ventaja necesaria para cruzar el espejo en el primer lugar.
El rugido de la tribuna valenciana fue el tributo justo para un ejemplar que, pese al agotamiento y la presión de su escolta, se negó a perder. Aquel triunfo ratificó que el "ídolo de la afición" poseía una capacidad de respuesta única bajo fuego enemigo.
El legado de una tarde inolvidable: Clásico Invitacional 2003
Esta victoria en Valencia ocupa un lugar especial en el palmarés del crack. Ganar en punta, con un peso prohibitivo y ante un remate tan feroz, es una hazaña reservada para los elegidos. My Own Business demostró aquella tarde que su leyenda no se construyó solo a base de récords de pista, sino también a través de batallas donde el alma del caballo prevaleció sobre cualquier obstáculo técnico.
