Construir un equipo ganador en la NBA es difícil; mantenerlo mientras se recortan gastos para evitar sanciones financieras es, para muchos, una misión imposible. Sin embargo, Brad Stevens ha demostrado que su transición de los banquillos a las oficinas de los Boston Celtics ha sido una de las maniobras más brillantes en la historia reciente de la franquicia.
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Tras una temporada en la que Boston logró el segundo puesto del Este, Stevens tomó decisiones drásticas: se desprendió de cuatro integrantes de la plantilla para eludir una asfixiante factura por el impuesto de lujo.
Contra todo pronóstico, el equipo no solo no retrocedió, sino que repitió el segundo lugar de su conferencia y se mantiene como un contendiente feroz al título. Esta capacidad para optimizar recursos le ha valido, por segunda vez en tres años, el premio al Ejecutivo del Año de la NBA.
Un lugar en la historia de los despachos
Con este nuevo trofeo en sus vitrinas, Stevens se une a un club extremadamente selecto. Se convierte en la duodécima persona en la historia de la liga en ganar el premio en al menos dos ocasiones, y apenas la sexta en lograrlo dos veces en un periodo de solo tres años.
Su gestión no solo es valorada por los resultados inmediatos, sino por la sostenibilidad de un proyecto que parece no tener fisuras, incluso cuando las reglas salariales se vuelven más estrictas.
El respeto de sus pares: Así fueron las votaciones
A diferencia de otros galardones que dependen de la prensa, este premio tiene un peso especial: es otorgado por los propios colegas. Un panel de 30 ejecutivos (uno por cada equipo) fue el encargado de emitir los votos, y los resultados reflejaron una competencia reñida por el liderazgo de la liga:
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Brad Stevens (Boston): Lideró la votación con 11 votos de primer lugar, apareciendo en 17 de las 30 papeletas totales.
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Onsi Saleh (Atlanta): Obtuvo el segundo puesto, igualando a Stevens en apariciones totales (17 papeletas), pero con menos votos de máxima prioridad.
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Trajan Langdon (Detroit): Se consolidó en la tercera posición por segundo año consecutivo, gracias a su ambiciosa reconstrucción de los Pistons.
El ganador del año pasado, Sam Presti (Oklahoma City), cayó al quinto lugar, seguido por Brian Wright (San Antonio) en el sexto y Rafael Stone (Houston) en el séptimo. La lista de honor la completan Brian Gregory (Phoenix) en el octavo, mientras que Koby Altman (Cleveland) y Josh Kroenke (Denver) compartieron el noveno puesto. Cerrando el ranking, Zach Kleiman (Memphis) y Rob Pelinka (Lakers) empataron en la undécima posición.
Un premio con un ADN diferente
Es importante recordar que el galardón al Ejecutivo del Año se rige por normas distintas al resto de los premios de temporada (como el MVP o el Novato del Año). Mientras que estos últimos son decididos por un panel global de 100 periodistas y comentaristas especializados, el destino del trofeo ejecutivo queda exclusivamente en manos de quienes mejor conocen la dificultad del trabajo: los propios directivos de la NBA.
"La verdadera victoria de Stevens no fue solo mantener el récord de victorias, sino convencer a la liga de que se puede ser financieramente responsable sin sacrificar el espíritu competitivo".
Con este respaldo de sus rivales, Stevens confirma que su visión para los Celtics es, hoy por hoy, el estándar de oro en la gestión deportiva profesional.