Shohei Ohtani volvió a grabar su nombre con letras doradas en los libros de historia de las Grandes Ligas. El astro japonés conectó su cuadrangular número 30 de la temporada, consolidando una vez más su absoluto poderío ofensivo. Con este tablazo, logró una hazaña inédita al convertirse en el primer jugador de los Dodgers en sumar al menos 30 vuelacercas en sus primeras tres campañas con el equipo.
NOTAS RELACIONADAS
El descomunal batazo en Denver
El histórico momento se vivió la noche del martes en el mítico Coors Field de Colorado. Durante la parte alta del tercer episodio, Ohtani castigó con furia un envío del lanzador derecho Ryan Feltner. La esférica salió disparada del madero a 105.6 millas por hora y alcanzó una asombrosa distancia proyectada de 448 pies hacia el jardín central-derecho.
Este imponente cuadrangular de dos carreras sirvió para ampliar la ventaja de los angelinos y tomar el control del encuentro. Más allá de la victoria transitoria, el bambinazo significó la sexta ocasión en la brillante carrera del fenómeno asiático en la que logra alcanzar la simbólica cifra de las tres decenas de jonrones en una misma temporada.
Junto a las leyendas de la franquicia
Al superar esta barrera, el nipón reafirmó que su consistencia en el plato pertenece a la élite histórica del béisbol. Ohtani es apenas el séptimo jugador en toda la historia de la franquicia californiana en hilvanar tres años consecutivos conectando 30 o más cuadrangulares.
De esta forma, el bateador designado se une a un grupo sumamente exclusivo repleto de auténticas leyendas de la organización. Esta selecta lista incluye a inmortales como Duke Snider, Gil Hodges y Mike Piazza, acompañados por otros grandes maderos de la talla de Eric Karros, Raul Mondesi y Gary Sheffield.
El terror del Coors Field
El estadio de Denver, ubicado a más de 1.600 metros de altura, parece potenciar las habilidades del asiático a niveles insospechados. Ohtani mantiene una racha activa de 22 juegos consecutivos conectando al menos un hit en este recinto, sumando 10 jonrones y 26 carreras remolcadas durante ese impresionante lapso de dominio ofensivo.
Si proyectáramos su asombroso rendimiento en Colorado a una temporada completa de 162 juegos, sus números serían irreales. Acumularía 57 jonrones, 168 impulsadas, 244 inatrapables y un absurdo OPS de 1.244. Estas estadísticas confirman que, a pesar de cuidar su brazo de lanzar, su bate sigue siendo el arma más temida de todo el béisbol.