Las leyendas nunca mueren, y este sábado San Luis las hizo inmortales. Yadier Molina y Albert Pujols, dos de los rostros más icónicos del béisbol moderno, fueron exaltados al Salón de la Fama de los Cardenales en una ceremonia cargada de nostalgia, hermandad y lágrimas.
NOTAS RELACIONADAS
Una ovación para el ídolo boricua
Molina coronó la jornada a las afueras del Busch Stadium con un discurso de casi media hora. La fanaticada le regaló una ovación ensordecedora para celebrar sus 19 años de entrega absoluta a la franquicia. Fiel a su esencia, el excareta lució la gorra hacia atrás y la clásica pintura negra en los pómulos.
Al vestirse con la emblemática prenda de los inmortales, sentenció con orgullo: “Esta chaqueta roja también es de ustedes”.
El boricua repasó su largo camino desde que firmó como aficionado en el año 2000. Agradeció a excoaches como Dave Duncan, quien pulió su talento en la receptoría cuando nadie más observaba. También dedicó palabras a José “Cheito” Oquendo, su gran maestro táctico. Recordó cómo su aliento fue clave para conectar aquel doblete ganador frente a Países Bajos en el Clásico Mundial de 2009.
Lágrimas, hermandad y una promesa
La conexión con sus grandes compañeros se robó el corazón de los presentes. A Adam Wainwright lo llamó "hermano" y confesó que añora verlo pronto vistiendo su propia chaqueta roja.
El vínculo con Pujols marcó el clímax emocional del evento. Molina reveló que eligió usar el número 4 en su uniforme simplemente para estar junto al legendario 5 del dominicano. Recordó cuando Pujols le prometió a su fallecido padre que lo protegería en las Grandes Ligas.
"Desde entonces fue mi guía como profesional, esposo y padre", aseguró el boricua entre aplausos.
Con la voz entrecortada, honró la memoria de su padre Benjamín y exaltó la fortaleza de su madre Gladys. Finalmente, agradeció el respaldo incondicional de su esposa Wanda, sus hijos y sus hermanos mayores.
El tributo de la "Máquina" dominicana
El turno de Albert Pujols estuvo igualmente marcado por la profunda gratitud. El toletero dominicano agradeció a Tony La Russa por forjar la cultura ganadora que definió a esos Cardenales. Destacó cómo el exdirigente lo empujó siempre a superar sus propios límites.
También homenajeó a la directiva del equipo por tomar la decisión que cambió el rumbo de su vida para siempre.
La "Máquina" agradeció a la leal afición de San Luis, que lo arropó con cariño desde su primer turno al bate. Reconoció, además, que la gloria de sus campeonatos fue fruto del sudor de todo el equipo.
Cerró su intervención honrando a sus raíces y a su núcleo familiar. Dedicó el logro a su abuela, a su padre y a su esposa Nicole, quienes le enseñaron el verdadero valor del trabajo duro.