Existen derrotas que duelen en lo más profundo del alma, pero pocas resultan tan inexplicables y crueles como la que acaba de firmar la selección de RPD de Corea en el Mundial Femenino Sub-20. El conjunto asiático completó una actuación histórica, rozando la perfección a lo largo de todo el certamen. Sin embargo, el destino le tenía guardado el guion más amargo en la instancia decisiva: marcharse a casa sin la copa, sin haber encajado un solo gol durante el tiempo reglamentario en todo el torneo.
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Un cerrojo inquebrantable
Desde el silbatazo inicial de la competencia, el equipo norcoreano demostró una superioridad física y deslumbrante. Con seis victorias consecutivas antes de la gran cita, el plantel no solo avanzó a paso firme, sino que convirtió su portería en una fortaleza inexpugnable. Ningún rival logró descifrar el entramado defensivo ni batir a su guardameta durante los noventa minutos reglamentarios de cada uno de sus compromisos.
La solidez táctica y la disciplina colectiva transformaron a la RPD de Corea en el rival más temido de la cita planetaria. Cada encuentro fue una exhibición de control, presión alta y efectividad, elementos que las llevaron con total justicia a disputar la gran final de la categoría.
España rompe la ilusión desde el punto penal
El partido por el título enfrentó a las dos mejores escuadras del campeonato. España aceptó el reto y propuso un duelo de altísimo nivel. Durante 120 minutos agónicos, entre el tiempo reglamentario y la prórroga, la tónica se mantuvo intacta: un choque de gigantes donde la red nunca se movió. El 0-0 final tras el tiempo suplementario extendió la racha norcoreana sin recibir goles, pero trasladó la definición al terreno de la máxima tensión.
La tanda de penaltis se convirtió en la ruleta rusa que decidió el destino del trofeo. En la definición desde los once metros, La Roja mostró mayor templanza y precisión, imponiéndose por 4-3. De esta manera, las españolas se proclamaron campeonas del mundo, dejando a las norcoreanas con las manos vacías tras un torneo donde técnicamente nadie pudo vencerlas en el juego abierto.