Cuando Steve Kerr asimiló que no había otro lugar en el mundo donde prefiriera estar que en el banquillo de los Golden State Warriors, y la directiva entendió que nadie mejor que él podía timonear la franquicia durante los últimos años de carrera de Stephen Curry, la negociación se volvió una simple formalidad.
NOTAS RELACIONADAS
El estratega, ganador de cuatro anillos de campeonato con la organización, garantizó su continuidad al frente del equipo tras estampar su firma en un nuevo contrato por dos temporadas.
"Sigo amando lo que hago", declaró Kerr. "Si me sintiera cansado o agotado, no estaría aquí. Pero amo mi trabajo, amo entrenar a los Warriors, vivir en esta ciudad y ser parte de la Bahía".
De las dudas del retiro a la reconciliación con el proyecto
La continuidad de Kerr no siempre estuvo tan clara. Los Warriors vienen de firmar una dolorosa campaña de apenas 37 victorias, quedando fuera de la postemporada por cuarta ocasión en los últimos siete años. El desgaste físico y mental hizo que el entrenador meditara seriamente dar un paso al costado; de hecho, el emotivo abrazo que protagonizó junto a Curry y Draymond Green tras caer ante Phoenix en el torneo de play-in pareció una auténtica despedida.
Sin embargo, tras el final del torneo, Kerr se tomó una semana de desconexión total junto a su esposa Margot y su familia para analizar su futuro. Tras varias reuniones con el gerente general, Mike Dunleavy, y el propietario del equipo, Joe Lacob, los cabos sueltos se ataron para sellar el acuerdo.
"Soy más feliz cuando estoy en la cancha con mis jugadores y colaborando con la organización", confesó Kerr. "Incluso con las dificultades de este año, me encanta la lucha y el desafío. Mi esposa me dijo algo muy significativo: 'Si te vas, puedes volver a dirigir a cualquier equipo, pero nunca más podrás entrenar a los Warriors'. Eso inclinó la balanza".
Los retos de un año turbulento y el nuevo panorama
Desde su llegada al banquillo en 2015, Kerr construyó una de las dinastías más imponentes de la historia de la NBA, conquistando los campeonatos de 2015, 2017, 2018 y 2022, además del histórico récord de 73 victorias en temporada regular.
No obstante, el pasado curso fue un rompecabezas. El cuerpo técnico tuvo que hacer malabares para gestionar los minutos de una plantilla veterana, sumado a la sensible ausencia de Stephen Curry durante gran parte de la segunda mitad de la campaña. El golpe de gracia llegó con las lesiones de gravedad de Jimmy Butler y Moses Moody, quienes causaron baja por el resto del año, dejando al equipo sin profundidad para pelear un boleto a los playoffs.
A pesar de que Kerr reconoce abiertamente que la versión actual de Golden State no está diseñada para pelear inmediatamente por el trofeo Larry O'Brien, mantiene la firme convicción de devolverlos a los primeros planos competitivos. "Queremos ver qué tan buenos podemos ser el próximo año. Si recuperamos a los lesionados y hacemos los movimientos correctos en los despachos, podemos dar pelea", apuntó.
Ajustes urgentes: Pérdidas de balón y autocrítica
Tanto la gerencia como el entrenador tienen claro cuál es el primer problema crónico a resolver: la circulación de balón. Los Warriors cerraron el año con la cuarta peor tasa de pérdidas de balón de toda la NBA.
"Nos relajamos demasiado y nos volvimos muy descuidados con la pelota", admitió Kerr de forma autocrítica. "Debido a la edad del plantel y las lesiones, pasamos mucho tiempo dosificando esfuerzos. Tengo que poner orden en ese aspecto desde el primer día de la próxima pretemporada".
El Draft y la inevitable reconstrucción del cuerpo técnico
Con la mirada puesta en el futuro inmediato, el gerente general Mike Dunleavy descartó que el fracaso reciente se debiera exclusivamente a una falta de talento en el roster. El directivo confía en las herramientas disponibles para el receso de temporada, donde Golden State contará con la undécima selección de la primera ronda de un Draft que los analistas consideran bastante profundo, además de un pick de segunda ronda.
Kerr, quien históricamente ha sido receloso a la hora de otorgarle minutos de peso a los novatos en plantillas contendientes, afirmó que su filosofía se adaptará a las necesidades actuales debido a las prolongadas ausencias que sufrirán Butler y Moody de cara al inicio del próximo ciclo. "Estamos en una realidad distinta. Con las bajas que tenemos en las alas, los jóvenes van a tener que jugar y ganarse su espacio en la rotación".
El reto para la franquicia no solo estará en la duela, sino también en las oficinas y la pizarra. Los Warriors deberán reestructurar por completo su cuerpo de entrenadores asistentes tras confirmarse las salidas de los experimentados Terry Stotts y Jerry Stackhouse, sumada a la baja a mitad de año de Chris DeMarco, quien asumió la dirección técnica de las New York Liberty en la WNBA.