Alexander Zverev está viviendo el momento más dulce de su carrera y los números lo respaldan con firmeza. El tenista alemán selló su boleto al partido decisivo del Abierto de Estados Unidos, logrando así la hazaña de clasificar a su tercera final consecutiva de Grand Slam en esta mágica temporada, un hito que lo consolida como el gran dominador del circuito actual.
NOTAS RELACIONADAS
Un dominio incontestable
Tras coronarse campeón en Roland Garros y ceder en la definición de Wimbledon ante Jannik Sinner, Zverev no ha bajado el ritmo. En las semifinales de Flushing Meadows disputadas este viernes, el teutón demostró su jerarquía al vencer en sets corridos al complicado ruso Karen Khachanov, con parciales de 6-3, 7-6 (7) y 7-6 (6).
Este contundente triunfo eleva su brillante récord en torneos "Major" durante este año a 24 victorias y apenas dos derrotas. Tras un inicio de torneo donde sobrevivió a maratones de cinco sets, el actual número uno de la siembra encontró su mejor versión y ya encadena 13 mangas ganadas de forma consecutiva.
Amenaza para el anfitrión
Ahora, el alemán espera rival para el gran duelo de este domingo, el cual saldrá del choque entre los estadounidenses Ben Shelton y Frances Tiafoe. Ambos tenistas locales cargan con la presión de acabar con la larga sequía de su país en torneos de Grand Slam, la cual se remonta a la victoria de Andy Roddick en 2003.
Zverev, plenamente consciente del escenario que le espera, dejó claro que no planea ser el invitado de piedra en la fiesta neoyorquina. "Ojalá no pueda hacer realidad el sueño americano el domingo", sentenció con seguridad el teutón, quien buscará la redención absoluta en el mismo torneo que se le escapó en 2020.
La fe de un campeón
El fantasma de aquella dolorosa derrota ante Dominic Thiem, donde desperdició una ventaja de dos sets, parece haber quedado definitivamente atrás. Hoy, Zverev se siente tocado por la gracia luego de superar tantas frustraciones y estar tan cerca de la gloria en los escenarios más imponentes del tenis mundial.
"Tal vez este año Dios me ha dicho que este va a ser mi año y que simplemente disfrute del tiempo en la cancha", confesó emocionado. Esa mentalidad le ayudó a sobreponerse a un Khachanov que batalló hasta el último aliento, obligando a jugar dos desempates muy reñidos que el alemán resolvió con maestría.
De las risas al éxito
El camino a esta tercera final consecutiva no fue sencillo, especialmente en sus exigentes duelos ante Lorenzo Sonego y Quentin Halys. Zverev confesó que, tras pasar casi nueve horas y media en pista durante esos primeros cruces, él y su equipo optaron por reírse del bajo nivel que estaba mostrando.
Ese particular sentido del humor fue la clave para liberar la tensión y transformar su juego por completo sobre el cemento. "A partir de ahí, jugué mucho mejor al tenis; de lo contrario, no estaría en la final del US Open", concluyó el teutón, listo para conquistar la Gran Manzana.