El mítico estadio Maracaná se viste de gala para recibir su primer partido de la NFL, pero el camino hacia este evento histórico ha estado lleno de imprevistos. A menos de 30 horas del esperado choque entre los Dallas Cowboys y los Baltimore Ravens, una escena insólita capturó la atención de todos.
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Decenas de trabajadores corrían contra el reloj sobre el terreno de juego, utilizando incluso tijeras manuales para nivelar el alto y maltratado césped. Esta labor minuciosa, propia de la jardinería casera, reflejó la urgencia de la liga por dejar el campo en condiciones óptimas antes del kickoff.
Alarma por el estado del terreno
El gramado del coloso de Río de Janeiro ha sido un verdadero dolor de cabeza durante las últimas dos semanas. La intensa temporada del fútbol brasileño, con Flamengo y Fluminense jugando allí casi semanalmente, ha dejado la superficie natural seriamente deteriorada.
Esta situación encendió las alarmas de la Asociación de Jugadores de la NFL, que envió expertos de inmediato para evaluar el riesgo de lesiones. La principal preocupación del sindicato radica en la falta de tracción y el césped suelto, factores que podrían provocar peligrosos resbalones.
Para calmar la tensión, el director de campo de la liga, Nick Pappas, aseguró que se realizaron mejoras de última hora reforzando las costuras. "Todo está en orden, no hay de qué preocuparse", declaró Pappas a la prensa, intentando garantizar la seguridad física de los atletas.
El fantasma de São Paulo
La NFL no es ajena a este tipo de polémicas en su aventura por territorio sudamericano, la cual inició formalmente en la temporada 2024. En los encuentros anteriores celebrados en el NeoQuimica Arena de São Paulo, la superficie también fue blanco de fuertes críticas.
Durante aquel histórico debut en Brasil, estrellas de los Philadelphia Eagles y Green Bay Packers sufrieron constantes resbalones sobre el terreno. El percance obligó a muchos jugadores a cambiar sus tacos en pleno desarrollo del juego, una bochornosa imagen que esperan no repetir en Río.
Invasión estadounidense en la playa
Mientras la liga lidia con la agronomía del estadio, los aficionados viven una auténtica fiesta turística bajo los 28 grados Celsius de la ciudad. Las zonas aledañas a Copacabana lucen repletas de camisetas de los Cowboys, equipo que domina abrumadoramente en presencia de fanáticos.
Lejos de preocuparse por el césped, turistas como el estadounidense George Smith, de 72 años, tienen otras prioridades en mente antes del juego. "Estos chicos jugaron en peores campos de niños; mi única preocupación ahora es comer una buena carne brasileña", bromeó el veterano aficionado.
El indudable atractivo turístico de Río, con iconos mundiales como el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar, ha elevado el perfil de este encuentro. Para miles de visitantes internacionales, la vibrante ciudad carioca ofrece una experiencia festiva mucho más atractiva que la vivida anteriormente en São Paulo.