El deporte venezolano está de júbilo por dos cosas, primero, porque este 25 de mayo cumple 71 años el mítico Carlos Lavado, dos veces campeón mundial de motociclismo y se conmemoran 40 años de su bicampeonato en la categoría 250cc, en la actualidad conocida como Moto2.
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En un deporte donde la lógica se desafía a base de valentía y talento puro, el nombre de Lavado resalta como un símbolo de audacia, agresividad en pista y un espíritu indomable que marcó las décadas de los setenta y ochenta.
Lavado rompió rápidamente barreras geográficas y económicas con su talenteo en un entorno dominado por europeos, consolidó un legado impecable tras los pasos de Johnny Cecotto, convirtiéndose en el segundo venezolano y segundo latinoamericano en coronarse campeón del mundo.
Su trayectoria de 15 temporadas (1978-1992) en la máxima categoría dejó batallas memorables ante leyendas de la talla de Christian Sarron, Sito Pons o Freddie Spencer, consagrándolo como un estratega nato tanto en asfalto seco como mojado. Su debut no pudo ser más poético: un segundo lugar en el Gran Premio de Venezuela de 1978, disputado en el circuito de San Carlos.
Número de récord
Las estadísticas oficiales de MotoGP respaldan su estatus de leyenda y lo consagran como el venezolano más laureado de la disciplina: 137 carreras disputadas, 42 podios, 21 pole position y 19 victorias en Grandes Premios. Todo esto coronado por sus dos títulos mundiales obtenidos en 1983 y 1986 junto a la escudería Yamaha.
En una reciente rueda de prensa en Caracas con motivo de su homenaje, Lavado aprovechó para reflexionar con honestidad sobre la dura realidad del motorismo nacional. El bicampeón enfatizó que sin el apoyo de los medios es imposible conseguir patrocinio:
"Si haces una carrera el fin de semana y el lunes en la prensa sale una nota pequeña o no sale nada, es difícil pagar una carrera", dijo para Meridiano.net.
Aunque comprende los costos televisivos, abogó por la unión de las partes para generar los recursos necesarios. Para Lavado, su verdadera victoria actual va más allá de las vitrinas; radica en impulsar el desarrollo de un motociclismo local que hoy sobrevive "con las uñas", con notables limitaciones y presupuestos mínimos, pero que mantiene encendida la pasión que él mismo llevó a la cúspide del mundo.