Los hechos curiosos y anecdóticos que enmarcan la historia de la Triple Corona hípica suelen perdurar en el recuerdo de la fanaticada. Un episodio icónico ocurrió en la temporada de 2004, durante la disputa del Clásico General Joaquín Crespo en la exigente distancia de 2.400 metros. En esa ocasión, la corredora Carta Mágica arruinó la fiesta de la yegua Camborio, ejemplar que llegó a la cita tras imponerse en los dos primeros peldaños de la trilogía.
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La paradoja del "Rey de la Larga"
El contexto de aquella competencia encerraba una particularidad poco vista en el turf. Ambas yeguas compartían el mismo establo, bajo la preparación de Julio Ayala, reconocido en el ámbito hípico como el "Rey de la Larga". El elemento de mayor dramatismo residía en la propiedad de los animales: Camborio, la pauta que buscaba la consagración y la inmortalidad deportiva, pertenecía al propio entrenador.
Sentencia en la recta final: La Rinconada
El día fijado para la prueba selectiva, la pista dictó su sentencia. Carta Mágica, bajo la conducción del jinete Álvaro Finol, echó por tierra las aspiraciones de su compañera de establo en la disputa de los 2.400 metros del Clásico General Joaquín Crespo en La Rinconada. Ambas corredoras protagonizaron un vibrante duelo a lo largo de toda la recta final. En la propia raya de sentencia, Carta Mágica definió las acciones con medio cuerpo de ventaja sobre Camborio, que vio desvanecerse la oportunidad de inmortalizar su nombre en la Triple Corona.
Ética e integridad por encima del dinero
Años después, el propio preparador Julio Ayala rememoró el acontecimiento a través de su cuenta en la red social X. El entrenador reveló un detalle económico determinante de la fecha: Si Camborio lograba la victoria, aseguraba un bono especial de la Unión de Criadores (Unicria) por una suma multimillonaria para su bolsillo.
Pese al perjuicio financiero que le causó el resultado del clásico, el preparador valoró la ética por encima de la ganancia patrimonial. "Gané la carrera perdiendo dinero, pero mantuve la honestidad que la profesión requiere, y eso es más importante. Dormir tranquilo vale la vida", sentenció Ayala sobre el hito que marcó la historia del hipismo venezolano.